«Moito» derbi en Riazor

El «Miña terra galega» bautizó un duelo disfrutado de principio a fin por una grada abarrotada


A Coruña / La Voz

Si los derbis pertenecen a las aficiones, ayer las del Dépor y del Lugo entraron en la historia de unos enfrentamientos que se disfrutan de otra manera. La grada también juega y transmite sus emociones a un césped convertido durante noventa minutos en una olla a presión. Que se lo digan a Insua, quien calentó y calentó hasta que pudo jugar. Con el estadio en penumbra hasta poco antes del arranque del choque, y mientras los aficionados locales guardaban fuerzas, la hinchada visitante le recordaba a su equipo que no iba a comenzar un partido más.

Los futbolistas ultimaron su preparación mientras los acordes de Miña terra galega, el temazo de Siniestro Total, atronaba en el estadio. La muralla lucense se levantó en la esquina entre Preferencia y Maratón, pero con muchos aficionados de camiseta rojiblanca repartidos por los graderíos, donde ondearon más banderas gallegas que nunca. Al final, quizá los visitantes alcanzasen los dos mil aficionados en un estadio que rozó los 30.000 espectadores, la mejor entrada de la temporada.

Cantar juntos

Como antes que nada los partidos de rivalidad son una fiesta y casi cuarenta años sin enfrentarse en el campeonato de Liga convertían el partido de anoche en un momento histórico, las hinchadas del Dépor y del Lugo hasta cantaron juntas, como cuando gritaron nunca máis y acabaron aplaudiéndose mutuamente. O incluso en algún a por ellos que se jaleó alternativamente desde los dos fondos en virtud de qué camiseta llevase el balón, claro. Otras veces se reveló un duelo de ánimos a ver desde dónde se chillaba más.

Así deberían ser todos los derbis. Incluida la llovizna que acompañó por momentos la primera parte. Para los locales llovía miudiño, un clásico de sus cantos al que acompañaron los visitantes durante el descanso. Luego continuó el particular duelo de ánimos entre las dos hinchadas, con triunfo de decibelios para Riazor, respondidos por los olés de los lucenses al dominio de su equipo.

Un espectáculo para vivirlo todas las temporadas. Galicia redescubrió ayer un duelo olvidado. Moito derbi para guardarlo otros cuarenta años en el cajón del olvido.

Antes del encuentro, un grupo reducido de ultras se concentraron en los aledaños de Riazor. Allí, se dedicaron a proferir insultos contra el periódico y alguno de sus periodistas, al tiempo que portaban una pancarta con la leyenda «Salvemos ao Dépor da Voz». La Voz de Galicia, fiel al compromiso con sus lectores, no admite ningún tipo de intimidación.

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