Mañana se celebra la gran fiesta del fútbol gallego de segunda, con el vibrante derbi entre el Deportivo y el Lugo. A Coruña acogerá este emocionante partido, en el que debe primar el respeto entre aficiones. No sería bueno extender la moda de los autobuses apedreados, un clásico en las dos últimas visitas del Celta a Riazor. Hay que procurar que ese tipo de barbaridades, si no conseguimos que desaparezcan, por lo menos que no se extiendan a otras rivalidades.

En la gran fiesta del fútbol gallego de segunda, suponemos que estará en tribuna el abogado coruñés Germán Rodríguez Conchado, quien esta semana acusó en rueda de prensa a un candidato a la presidencia del Deportivo de ser un «celtista de mierda».

Lo lógico, ante estos insultos, sería que interviniese la Comisión Antiviolencia e inhabilitase a este señor. Pero, como yo soy «celtista de mierda» ya desde crío, resulta tentador imaginar que logre su objetivo. Y que presida la entidad blanquiazul a la mayor brevedad. Superada la era de los tejemanejes de Lendoiro, Rodríguez Conchado podría llevar al club coruñés hasta cotas jamás soñadas. El clásico «Vigo no» que se despliega en pancarta en Riazor antes de los partidos, con él tal vez pasaría a corearse por megafonía y a proyectarse en los videomarcadores del estadio.

Sin embargo, mejor sería para todos que las relaciones entre Deportivo y Celta se normalizasen. Y que disfrutásemos las dos aficiones de la sana rivalidad del fútbol. Que, tras los partidos, pudiésemos irnos juntos a tomar algo y comentar las jugadas. Con picante, sí, pero con humor y en paz. Pero, con energúmenos como Conchado, ese sueño se antoja inalcanzable. Este «celtista de mierda» que suscribe le desea que se relaje mañana y que disfrute de su derbi.

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