La vieja y desaparecida Gimnástica estableció el techo histórico del éxito del fútbol lucense, con su militancia de tres temporadas (1949-50, 50-51 y 51-52) consecutivas en la División de Plata. En aquella época, la Segunda estaba compuesta por dos grupos, Norte y Sur, de dieciséis equipos. Desaparecida la Gimnástica, nació el Lugo con el actual nombre (1953), tomando el testigo del viejo Polvorín, que militaba en Tercera División. Seis décadas después, el equipo ha logrado igualar, cuando menos, los tres años de militancia en Segunda, aunque de forma alternativa (1992-93, 2012-2013, 2013-2014...). La historia reciente la ha escrito bajo el signo de una profunda catarsis. Desde el último ascenso frente al Cádiz en la tarde inolvidable de junio del 2012 en el Carranza, hasta el día de hoy, quinto y en posición de fase de ascenso a Primera, el Lugo ha subido tantos escalones que uno se pregunta dónde está el techo. ¿Es real la ubicación clasificatoria, o flor de un día? El tiempo lo dirá. Para una gran mayoría de aficionados, vivimos una circunstancial situación gloriosa, que no se corresponde con el real potencial. Por ello, solo hay que preocuparse de prolongar la racha todo lo posible para llegar cuanto antes a la meta de los cincuenta puntos de la teórica salvación. Para otros, hay que aferrarse a la frase calderoniana de la vida es un sueño y los sueños, sueños son. ¿Por qué no?, dirán los más optimistas. Puestos en la realidad más tangible, hay que convenir que esta catarsis no es casualidad. Sí, de una causalidad derivada de la fidelidad a un proyecto deportivo dirigido por un entrenador, Setién, cuya continuidad (cinco años) es la base del éxito. Al mismo, le ha acompañado una política de fichajes realista dentro de unos presupuestos austeros. Y en esa línea, hay que mencionar que cada temporada el Lugo se reinventa cuando pierde a sus mejores piezas, porque rápidamente las sustituye por otras incluso mejores. Quizás esta plantilla actual sea mejor que la precedente. No quiero caer en la euforia. Pero tampoco es ilícito soñar, si estos chicos no bajan la guardia. Por eso, ¿dónde está el techo? Quién sabe...