Tengo la sensación de que Manu es para el Lugo como un mesías, ungido por los dioses rojiblancos cuando se engendra en su faceta divina, y humano cuando regresa a lo terrenal para echar un borrón sobre algo que ha convertido casi en un arte: la ejecución de un penalti. Así vivió Manu esa dicotomía entre el fracaso y la gloria, en la eterna noche copera del miércoles, cuando el circunstancial líder de la Liga Adelante, el Mirandés, ofreció una indomable resistencia durante 120 minutos. Jamás entenderé que si una eliminatoria de Copa se juega a un solo partido, haya que recurrir a la crueldad de una prórroga de media hora, para dejar fundidos a unos profesionales que han de retomar sus obligaciones en la Liga 72 horas después. Inadmisible. ¿Por qué no se recurre al atajo de los penaltis desde el minuto 90, y se ahorra un esfuerzo baldío por la cerrazón de unos dirigentes? No me extraña que los técnicos recurran a los no habituales para vadear esta competición. Porque, por ejemplo, el Lugo ya ha pagado el peaje con dos lesionados, Pablo Álvarez y Sandaza.
Si Manu no vivía últimamente una luna de miel con los penaltis, se puso de manifiesto en el minuto 35, cuando el empate a un gol campeaba en el marcador tras los golazos de Muñiz y Pablo Álvarez, reaparecido al fin para la causa tras una larga ausencia. Pero Manu volvió a errar otro penalti y eso nos llevó al castigo de la prórroga. Y en la tanda de los máximas penas, resucitó la magia de la gloria en el destino del Lugo. Reapareció el Manu que nos dio el ascenso en el Carranza, el mismo que decidió de esta guisa la victoria del debut en Segunda frente al Hércules, o el de anteayer para pasar eliminatoria y vengar su yerro pretérito en el partido. Manu volvió a agrandar su leyenda, y el Lugo cobró un nuevo dividendo de éxito. Ya lo mereció en una espléndida primera parte, con una serie de jugadores no habituales y que dejaron impronta de que también pueden ser protagonistas importantes de este nuevo equipo rojiblanco. Todo ello, ante un rival que mostró el porqué de su privilegiada posición de líder. Pero veremos cómo llegan los lucenses a la cita de mañana con otro hueso de postín, el Girona. La Copa puede pesar y pasar peaje.