Cuento de hadas

Murillo EN ROJIBLANCO

CDLUGO

Hubo una vez un modesto club de fútbol, llamado C.D. Lugo, que nació para sustituir a otro mitológico de otra época lejana, perdida en un tiempo de turbulencias máximas, cuando la ciudad llegó a soñar con su perpetuidad y se quedó con la fragancia fugaz de una militancia efímera en la élite de aquella Segunda División de la posguerra. Eran los tiempos de la Gimnástica, que despertó las pasiones de nuestros padres y abuelos, aquella Gimnástica llorada de los Cantina, Roig, Prego, Vilita y tantos otros. Con esa herencia a cuestas, las seis décadas de existencia del Lugo han conocido todos los estados de ánimos y militancias. Pero, sobre todo, larguísimas travesías por el desierto de la inanición futbolística, donde la marca solo era conocida a nivel local. Apenas había traspasado las fronteras del anonimato. Salió de él hace veinte años, y regresó al mismo de forma fulminante. Un chispazo de resurrección intrascendente para prender en la llama de unos colores. Las tertulias futbolísticas lucenses seguían presididas por la sempiterna presencia de la rivalidad Madrid-Barça. Una atonía constante, que ignoraba la marca Lugo. Pero bastaron varios fogonazos para un despegue impensable: un ascenso frustrado y otro consumado rompieron el tedio de la historia. El Lugo y Lugo ya eran de Segunda. Una afición desconocida en número y calidad despertó de un letargo secular. Y los adeptos se hicieron legión, llenaron las plazas y el vetusto Ángel Carro resultó raquítico para albergar aquel tsunami. Llegó la cita más esperada de su particular historia, y los mismos directores y coautores del éxito ascensor, lo fueron de la permanencia en la nueva categoría. Los 56 puntos de la clasificación final certificaron la misma. Pero quedaba otro Tourmalet para coronar el éxito histórico pendiente. Los 3.031.490 euros de la constitución en la nueva y obligatoria SAD exigidos por la normativa actual. So pena de volver a Segunda B. Casi cuatro meses de calvario tienen final feliz. Así lo anunció Bouso, el presidente. La fumata blanca es oficial. Lugo ya es una marca cotizada y reconocida. Consolidarla es lo más difícil, pero también lo más apasionante de este desafío sin techo. Con la misma cabeza y los mismos espadas es posible. ¿Para qué variar el guion de este cuento de hadas?