Dos generaciones en Segunda B

Luis Manuel Rodríguez González
LUIS M. RODRÍGUEZ OURENSE / LA VOZ

CDLUGO

Miguel Villar

Padre e hijo jugaron en escuadras ourensanas de la categoría de bronce

23 abr 2013 . Actualizado a las 21:06 h.

A José Yebra Fernández (Chantada, 1959) lo recuerda con cariño la afición carballiñesa, porque marcó el gol contra el Lugo que supuso el histórico ascenso del Arenteiro a la Segunda B.

Por aquellos años ya le costaba conciliar su vida laboral con la práctica del deporte y reconoce que incluso no pensaba en llegar a la categoría de bronce: «Me renovaron porque marqué el gol del ascenso, pero tuve que hacer un esfuerzo grande para jugar a ese nivel, solo entrenaba con el equipo un día a la semana, porque el resto, ellos lo hacían a las cinco de la tarde y yo iba de noche, solo, al terminar de trabajar».

En aquellos partidos de Espiñedo destacaba en las gradas el pequeño Borja, al que según su padre le atraían ya por entonces los balones, pero también otros detalles como: «El coche de Quecho, que jugaba con nosotros, se había comprado un Porsche, creo que el 944, de esos con los faros que se guardaban, al niño le encantaba y siempre quería ir a O Carballiño para verlo».

Por su parte, a Borja Yebra González (Chantada, 1983) le queda apenas una «pequeña noción de aquellos tiempos, mi padre era un central fuerte de los que metía el pie contundente, es lo que recuerdo, aunque la verdad es que me gustaría haberlo visto jugar durante más tiempo».

Y eso que el progenitor no pierde la oportunidad de practicar el fútbol -en la Liga de Veteranos- y el fútbol 7 -en el torneo provincial-. Pero el ambiente ha cambiado mucho como recuerda el mismo zaguero: «En Segunda B jugué de libre, todavía era una posición de moda por aquellos años, aunque nosotros, con Castro Santos, incluso comenzamos a jugar con carrileros que subían la banda y nos quedábamos atrás con dos marcadores y el líbero».

Asiduo en las gradas de los campos ourensanos, en la mayoría de las veces para observar las evoluciones de Borja, el veterano también lamenta que sean menos los deportistas ourensanos que alcanzan una cota como la de Segunda B, a diferencia de su época, en la cual: «En el Arenteiro, salvo unos pocos futbolistas de Vigo, veníamos todos de Ourense y en el equipo de O Couto también eran mayoría los jugadores locales».

Para llegar de nuevo a ese nivel es importante que el plantel rojillo se mantenga un año más en el escaño de bronce del balompié patrio y Borja opina que ese reto está a su alcance, por el trabajo que han realizado en lo que va de curso.

Próximo a la treintena el pequeño de la saga pasó por un momento de desencanto cuando le comunicaron el final de su etapa en el Real Madrid, a donde llegó en infantiles, tras su etapa de formación en Guadalajara: «Después de volver a Galicia, jugué en el Pabellón, el Calasancio y el Chantada sénior, pero estuve a punto de dejarlo, fue mi madre la que me hizo ver que si me gustaba el fútbol debía seguir intentándolo».

Y lo hizo en el Ponte Ourense. En Oira pronto llamó la atención del primer equipo de la ciudad y, desde que recaló en O Couto, se ha convertido en uno de los futbolistas ourensanos con mayor bagaje en el tercer escalafón nacional. No en vano, cuando descendieron los rojillos, se animó a dar el salto a Canarias y jugar en la Universidad de Las Palmas, donde le facilitaron sus estudios. Otro paso por el Lorquí fue el previo a su retorno al Ourense, con la ilusión de devolverlo cuanto antes a Segunda B.

Enfrascado en el reto de mantener en la categoría al equipo de casa, este medio centro que empezó a moverse con habilidad en la banda zurda, sigue compartiendo con su padre la pasión por la pelota de cuero. Un pasatiempo familiar.

«Es una pena que en la actualidad salgan tan pocos futbolistas ourensanos para una categoría como la Segunda B»

José Yebra, padre

«En la plantilla del Ourense estamos trabajando bien y confío en que seremos capaces de salvarnos»

Borja Yebra, hijo