No estaba en el guión. Se presuponía que solo Lugo y Sporting, apoyados por sus respectivas aficiones, serían los protagonistas. Sábado de Carnaval, los disfraces solo les correspondían a los actores principales. Sin embargo, no fue así, y no suelo aferrarme a una coartada exculpatoria. Valdés Aller y sus auxiliares le hurtaron cualquier posibilidad al conjunto lucense de competir en igualdad. Jamás midió a los dos por el mismo rasero, ni en el terreno disciplinario ni en la apreciación de las faltas. La permisividad en la pérdida de tiempo de los asturianos (solo una tarjeta), y en las reiteradas faltas sobre los delanteros lucenses. La gota la puso Seoane (según el acta) por decirle al árbitro «me cago en tu...», en una reacción siempre condenable, en el minuto 39. Ahí se acabó. Un fuera de juego, en el 28, cuando Óscar se iba solo hacia Cuéllar y un penalti no señalado, faltando siete minutos por una mano dentro del área asturiana (con 1-2), completaron el Carnaval arbitral. Por lo demás, no defraudó, con dos aficiones ejemplares, que llenaron el Ángel Carro. El Sporting salió ambicioso, y se encontró con un regalo defensivo procedente de un saque de banda, remachado por Guerrero. El Lugo respondió con su estilo. Pero le falló Pablo Álvarez, al que no le salió nada. Font, De Coz y Óscar Díaz se bastaban para desestabilizar. Se relajó el Sporting y a punto estuvo de salirle caro. Otra vez Óscar marcó un gol de oportunista e igualaba con una reacción épica. Un espejismo, porque los asturianos no tuvieron más concesiones y sentenciaron. Ni la sensacional actuación de Yoel lo pudo evitar, mientras Iago y Rey hacían un canto a la indolencia. Y el Carnaval lo interpretó un actor que ni estaba invitado ni le correspondía.