Al Lugo le vienen durando dos semanas los dividendos del fortín de su feudo. Mañana, agotado el plazo en Alcorcón con otra derrota, acude al Anxo Carro en busca de un nuevo inflado para su colchón, que está ahora en cuatro puntos sobre el decimonoveno clasificado. Es decir, sobre el Huesca, que cuenta con doce. Y para seguir con los guarismos, para los devotos de las estadísticas, digamos que el listón de los tres puntos estriba en tumbar a un segundo por partida triple, el Girona. Que lo es en la tabla clasificatoria, en goles marcados (26) y encajados (10). Vamos, como para echarse a temblar. Los lucenses, para lograr su difícil objetivo, apelan al espíritu de su reciente pasado victorioso frente al líder Elche. Y lo cierto es que para repetir la historia y recobrar la autoestima, es imprescindible redondear una faena tan completa como la exhibida ante los ilicitanos en las dos áreas, amén del dominio del centro del campo.
Setién expresaba tras el entrenamiento de ayer en el Anxo Carro su disgusto por la baja segura de Héctor Font y la duda de De Coz. La primera es una de las peores bajas a padecer, por tratarse de uno de los pilares fundamentales en el desarrollo del rendimiento ofensivo del equipo a partir de la línea de tres cuartos, por su clarividencia, verticalidad y calidad como asistente del punta. Su puesto será cubierto por Rubén Durán, que se reveló como un sustituto de garantías en Santo Domingo del propio Font, siendo el autor del gol que adelantaba estérilmente al Lugo en el marcador, incluyendo otro remate al poste. De Coz es probable que se recupere a tiempo, aunque sea duda ahora mismo. El Girona logró ese envidiable punto de excelencia convirtiendo su campo en un fortín, amén de una buena rentabilidad a domicilio. La que le falta a los lucenses para alejarse del peligro del descenso. Pero, claro, refrendar su etiqueta de «matagigantes» es la primera premisa.