Una cicatriz para el recuerdo de un ascenso

M. Pichel Lugo / La Voz

CDLUGO

Félix Quero llevará para siempre tatuado en su cara un recuerdo del ascenso del Lugo a la Segunda División A. Su segundo ascenso, pues ya consiguió uno con el Real Unión. Pero esta vez, cada vez que quiera pensar en la gesta del Ramón de Carranza, solo tendrá que mirarse a un espejo. Más aún, solo tendrá que pasar la mano por su mejilla izquierda.

Allí, el interior derecho avilesino tiene un regalo que le dejó el lateral zurdo del Cádiz, Góngora, apenas comenzado el partido. Una de sus galopadas por la banda y, un poético topetazo contra el codo del defensa andaluz... Brecha, sangre, abandono del campo. Y puntos, dos puntos para suturar el desaguisado y volver al campo, a la espera del visto bueno del colegiado (entró y volvió a salir por indicación del juez del encuentro).

Cosido a la antigua usanza, sin anestesia, soportando en la banda las punzadas del doctor... Y aguantó los 120 minutos, con un esparadrapo tapando la herida, aún verde.

Fue brecha dolorosa, pero hoy es cicatriz, tatuaje de un momento feliz, histórico. Cuando el Lugo subió a Segunda.