Es infrecuente observar una superioridad tan aplastante como la ejercida por un líder sobre un aspirante a un título. Máxime, cuando ese duelo se juega en casa del aspirante, y le caen cinco goles como cinco soles que pudieron ser bastantes más. Tal fue el monólogo del Real Madrid B Castilla en o Anxo Carro, que la crónica de esta crueldad la escribieron catorce jóvenes promesas a las que, por cierto, su primer técnico, el controvertido Mourinho, ni les presta la mínima atención por ser de la cantera precisamente.
El reparto de estas figuras en ciernes lo encabeza un ariete con mayúsculas, para más señas de Vigo, autor de un hat-trick, de ciento noventa y un centímetros de estatura y de nombre de guerra Joselu. Con él soñaron todos los defensores rojiblancos esta noche, después de vivir una auténtica pesadilla. Con él comparten este póker de ases Juanfran, Morata y Jesé, que conforman un cuarteto atacante demoledor.
Un Lugo construido para atacar, careció del rigor mínimo defensivo para competir. Ni sus cuatro defensas pudieron jamás con sus estratosféricos pares, ni su sistema de juego atrás contó con la colaboración indispensable de medios y carrileros para las ayudas defensivas. Por eso, los hombres de Toril llegaron siempre sueltos a los aledaños del área lucense y el partido ya se decidió en el vendaval inicial del Real Madrid B Castilla en el primer cuarto de hora.
El espejismo del gol de Fran Pérez solo aplazó la sentencia nueve minutos con el tanto de Juanfran en el 45. Al Lugo se le esfumaron las ilusiones del liderato, pero salió indemne de la lucha por los otros puestos, con el beneficio recibido de los resultados desfavorables de Tenerife (próxima estación en el Heliodoro Rodríguez) y Albacete.
La debacle de ayer en o Anxo Carro debe ser considerada como un serio aviso, pero nunca como una condena. Al entrenador Quique Setién es al que le toca ahora evitar los efectos secundarios de lo que no deja de ser la cuarta derrota de la temporada de sus hombres. Solo eso.