l Lugo ya ingresó en la sala de urgencias de la liga, mirando a sus aspiraciones ascensoras. Cuando esto sucede, salen los palmeros de turno con las estadísticas disuasorias o la coartada de la modestia presupuestaria, para justificar la actual recesión en juego y resultados. La autocrítica, aunque no guste, enriquece el propósito de enmienda y no excluye el reconocimiento a una trayectoria brillante en las últimas temporadas. Si bien es cierto, que el equipo de Setién estuvo en un tris de lograr el ascenso a la categoría de plata, y que la brillantísima campaña efectuada encontró una respuesta numérica de aficionados jamás soñada, la actualidad denuncia un importante bache. Y si, además, los de Setién nos tienen mal acostumbrados, todavía puede ser superior el desasosiego. El nuevo empate de ayer en Luanco le ha costado al Lugo la pérdida del segundo puesto en beneficio del Tenerife. El técnico cántabro reconoció que había jugadores que llegaban, por falta de fuerzas, tarde a la disputa del balón, lo que les producía imprecisiones y peligrosas pérdidas. El estado del terreno fue otro hándicap para lograr la deseada fluidez en el juego. Incluso reconoció que la prolongada ausencia de Berodia, protestada por un grupo de aficionados desplazados a Luanco, se debía a que «había otros 18 jugadores en la plantilla que tenían las mismas posibilidades de salir al campo» en una clara alusión al bajo rendimiento del mediapunta. Hay que convenir que el Lugo no ha logrado remontar este prolongado bache. Y que, ahora mismo, está en la sala de urgencias de una imaginaria clínica de la que parece aún lejos de recibir el alta. Confirmar esa mejoría cuanto antes es la única vía para conjugar juego con resultados. Y éstos ya no admiten más que sumar de tres en tres, porque solo dos puntos nos separan de la sexta posición.