El Lugo socava su bache

Murillo

CDLUGO

Por si alguno todavía dudaba sobre el profundo bache de juego y resultados que atenaza y amenaza la clasificación del Lugo, como aspirante a la promoción de ascenso, creo que le habrá quedado diáfanamente claro que los lucenses reeditaron su peligrosa cuesta abajo en la matinal de ayer en el Cerro del Espino. Los antecedentes no suelen ser infieles a la realidad presente. Dos equipos, el filial atlético y el Lugo, demostraron el porqué de su mal momento, ofreciendo un duelo más propio de aspirantes a la permanencia. En un partido soporífero, donde solamente los porteros se salvaron de la quema, pese a no ser demasiado exigidos por la nulidad creativa de ambas delanteras, el suplicio fue para el sufrido espectador. El equipo de Setién ha perdido tanta frescura que resulta casi irreconocible. Por actitud y aptitud, los rojiblancos lucenses están en un profundo bache. Individual y colectivo. Incluso, la indolencia de algunos se ha contagiado a otros tradicionalmente más combativos. Hay como una especie de obnubilación colectiva, y un peligroso conformismo que adormece el desarrollo de su juego. Y, lo peor, es que no se puede recurrir o echar de menos a los ausentes por lesión. Ni eso siquiera. Ayer, la línea media no existió y el equipo estuvo partido por la mitad. Cuando el balón llegó arriba, ni Luismi ni Isma rompieron por banda. Sí hubo algún tímido centro de un desdibujadísimo Manu, tan tardío como inofensivo. Por dentro, tampoco Monti conectó con el juvenil y bisoño Iago en la punta. Ni siquiera cuando formó pareja con Pita, sustituyendo a otro desafortunado Rubén García. La participación del argentino volvió a ser tan intrascendente para su equipo, como los demás compañeros dotados para otros menesteres de más enjundia. Es el caso de Berodia y Belencoso, salidos en el último tramo. El ariete ha perdido olfato, aunque su remate de cabeza de las postrimerías tuvo todas las bendiciones del gol. Y el empate final vuelve a dejar a los lucenses más cerca que nunca de sus perseguidores. Es el caso del Oviedo, cuya inmediata visita al Anxo Carro tiene tintes dramáticos para los intereses rojiblancos. Una mareona de tres mil seguidores volverá a dejar en evidencia la incapacidad de su aforo, y amenaza con incrementar la crisis del Lugo. Hay que reaccionar ya.