En la vida, el que no se consuela es porque no quiere, asevera el aserto popular. El Lugo comenzó la empinada cuesta del calendario de enero con una derrota, en una de sus dos primeras salidas consecutivas (la próxima, al Atlético de Madrid B), a la Roda. Y a ese consuelo podría acogerse el seguidor lucense, si examina la jornada de ayer, donde solo el Albacete ganó en su desplazamiento a Elviña en el grupo de los aspirantes a la promoción de ascenso. Es, si se quiere, el lado más positivo de este nuevo tropiezo del equipo de Setién, que, por fin, cayó apeado de su participación en esa seudocompetición denominada Copa Federación. Una auténtica ruina deportiva y económica, porque solo el ganador tiene un premio de 60.000 euros. Como jugárselo a la ruleta, vamos. Porque, además, las consecuencias en forma de desgaste físico y lesiones han dejado una profunda huella negativa en el seno de la plantilla. Espero que este error mayúsculo no se vea reeditado la próxima temporada.
La parte negativa de esta derrota, ante un rival que ha fortificado su feudo, estriba en que el único gol encajado lo sufrió el Lugo sin tiempo ya de enmienda prácticamente. Además, el líder Castilla está un punto más alejado (ahora son cuatro), pese a su empate ante el Conquense. La derrota del Oviedo (próximo visitante en el Ángel Carro) en Toledo, no impide que el quinto clasificado se sitúe ahora a cuatro puntos de los lucenses. De nuevo, la escasa pegada arriba y los despistes defensivos han lastrado el resultado de este Lugo que no acaba de recuperar la velocidad de crucero de la pasada campaña. Precisamente, con una plantilla más amplia y con menos diferencias entre teóricos titulares y suplentes. Pero le falla la regularidad. Y hasta perdiendo, el consuelo de la intrascendencia no le sirve.