Todos los temores se confirmaron: el Coruxo se ha convertido en la bestia negra del Lugo, cimentando esta leyenda (con la primera derrota del líder) en el cartesianismo de Josiño Abalde. Tal aserto se basa en la ejecución pretoriana de unos gregarios con espíritu espartano, al servicio de la causa. No importan las individualidades, sino la inquebrantable fe al servicio de un bloque monolítico, con un entramado defensivo de dos líneas paralelas y muy juntas, buscando la última los aledaños casi del círculo central. Ante esa brutal compresión de espacios, el Lugo se ahogó y casi nunca supo encontrar el antídoto. Cuando lo hizo escasamente en el primer tiempo, no encontró el remate preciso. Lo peor ya no fue el cortocircuito del juego, lento, reiterativo, donde ni las individualidades desbordaban, ni los centros llegaban con precisión a la posición de remate, no. Lo peor estuvo en que el Coruxo tampoco fue conformista, y buscó en los contragolpes el plus para ganar. Y ganó merecidamente por su impecable trabajo, que desarboló al líder, primero en ataque, y después en su lentitud defensiva. Porque el segundo período, antes de la expulsión de Belencoso y el probable penalti no señalado por el nefasto arbitraje, fue un festival del perfecto manual del contraataque visitante. Y si no acabó en goleada, sí concluyó con la primera debacle sin cortapisas del líder, que esperemos sea una noche aislada ante su ya acreditada bestia negra.