Premio y castigo

Murillo

CDLUGO

12 sep 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

El Carlos Tartiere examinaba a dos equipos llamados a presentar su candidatura a la promoción: uno por exigencias de su historial, y el otro por los antecedentes inmediatos. Por una parte, su inquilino habitual, el Oviedo, verdugo por duplicado de su rival en el Emma Cuervo y en la Copa, pero incapaz de estrenar su casillero victorioso en la Liga. Por otra, un Lugo con unos comienzos arrolladores en las dos primeras jornadas, y con la mácula de su incapacidad para conocer el triunfo oficial ante los carbayones.

Y el Lugo saltó al mal cuidado césped del Carlos Tartiere con una pájara monumental: apático, encogido, sin ritmo, sin ideas y con un miedo escénico injustificable, porque el divorcio de la afición ovetense con su directiva impidió que los seis mil adeptos azules influyesen en el juego. Pacheta también imbuyó a los suyos de un conservadurismo mezquino, cediéndole a los lucenses el balón y esperando el beneficio de un contraataque que nunca llegó. Pasada la media hora, el Lugo se estiró, comenzó a tocarla sin convicción pero sí con la suficiente insistencia para que las subidas de Manu desnudasen las carencias defensivas azules. Y en uno de esos líos, surgió el agarrón de Pelayo a Víctor Marco, que el mismo Manu convirtió en el 0-1 desde los once metros. Quizás demasiado premio para tan escaso bagaje.

La puesta de largo de la segunda parte tuvo todavía su peor cara, porque a Setién le ha traicionado, quizás, su subconsciente y mandó a los suyos a refugiarse en el parco 0-1. De nuevo, a un Oviedo ramplón, sin otro patrón de juego que el fútbol directo, se le brindó la oportunidad de dominar sin hacer otra cosa que colgar balones. El Lugo había renunciado a sus principios en un segundo tiempo eterno. Ni contraatacó, ni remató a puerta. Cuando recibió el justo castigo a su conservadurismo con el testarazo de Xavi Moré abandonó su cobardía tardíamente y se vino arriba. Entonces quedó claro que había tirado 45 minutos para machacar a su rival. El premio, excesivo, en el descuento con el testarazo impecable de Claudio Monti, deja a los lucenses en una situación óptima a la espera de una deseada mejoría.