El Lugo tira la Copa

Murillo

CDLUGO

Uno se temía los cambios para la Copa, anunciados en el entrenamiento vespertino del martes por Quique Setién. Y esas probaturas suelen dar malos resultados, si los hombres sustitutos pierden competitividad respecto a los jugadores sustituidos. Sobre todo en puestos clave, como el medio centro defensivo, y el media punta. En ambos casos, ni un desafortunadísimo Zarandona (prodigio en la pérdida de balones en zonas letales), ni un desacertado Monti, de enganche, fueron capaces de hacer olvidar a Pita y Berodia. Por ahí comenzó el Lugo a tirar la Copa frente al Oviedo, en una noche propicia para enganchar a un personal exultante para el aliento desde la grada. Una lástima, porque la desilusión final chocó con la euforia de unos doscientos entusiastas ovetenses que celebraron con júbilo la resurrección de su equipo. Son las dos caras del fútbol. Y al Lugo le tocó la cruz. Y eso que el equipo lucense comenzó mandón y hasta explotó con profusión la banda izquierda en el primera media hora, por donde Manu prodigó las internadas y los centros precisos. Pero Belencoso tenía la pólvora mojada, y no era su noche. Hasta el punto de que su enemistad con el gol se manifestó en un trallazo a la madera del ariete rojiblanco, con el 0 a 1 al filo del descanso. Antes, la zaga y el meta locales habían comenzado su noche de obsequios navideños a diestro y siniestro. El primero fue un error infantil entre Belfortti y Diego Rivas, que le pusieron en bandeja a puerta vacía el gol a Rubiato. Un merecido marcador favorable se trocó en el principio de la debacle lucense. Zarandona se sumó a la fiesta, perdiendo otro balón fácil para que Martins pusiese la eliminatoria imposible. Los cambios de Setién, a destiempo. Ya estaba consumada la tragedia. O el paso fugaz por la Copa, de un equipo que regaló el pase a su rival.