Pocas veces han convergido dos parámetros tan antagónicos en el mundo del fútbol como opulencia y austeridad. En la historia del Lugo, la divergencia de ambos conceptos ha marcado el currículo rojiblanco en toda su existencia, y ha impregnado al club lucense con el sello de la humildad. Que sólo le permitió celebrar un único ascenso a la Segunda División A del fútbol español (temporada 91-92), para regresar por la vía rápida a su categoría maldita por antonomasia. Pero, curiosamente, el tal descenso, como otros frustrados ascensos, se basaron primordialmente en una mentalidad ultraconservadora y, sobre todo, por la pésima gestión deportiva de los responsables del momento. El Lugo no retornó a Segunda B por falta de dinero, sino por el desacierto absoluto en el capítulo de fichajes. De doce nuevas altas, ninguna conoció la titularidad. Y eran cincuenta millones de pesetas de la época para este apartado. Con menos jugadores y mejor calidad individual, por el mismo dinero, las probabilidades de la permanencia serían máximas.
Ahora que el Lugo es campeón de invierno y líder destacado del primer grupo de Segunda B, habría que hilar muy fino para no desaprovechar, quizás, otra gran oportunidad de hacer historia donde en estos menesteres casi no existe. Se puede y se debe mantener la política de austeridad que ha permitido llegar hasta aquí, pero hay premisas que resultan sagradas e inviolables a la hora de mirar el futuro. La primera es que, si el mercado de invierno no permite pensar en dispendios económicos para reforzar la plantilla, más invulnerable aún debe de resultar la baja de ninguna vaca sagrada del vestuario. Ni una. Sería una traición al socio y al aficionado, y un error mayúsculo. Ya sé que es aún muy prematuro echar cuentas de lechera, pero hay que planificar el futuro inmediato bajo ese prisma. Si la huelga no lo impide, el Lugo abre el año en Pasarón cerrando la primera vuelta como equipo admirado por juego y resultados. El antagonismo lo personifica la política despilfarradora del Pontevedra, al borde de la desaparición, frente a la austeridad que le ha acarreado al Lugo su opulencia deportiva actual. El mundo al revés, si ojeamos la historia de ambos rivales.