Idéntico marcador al de hace un año entre el Lugo y el Celta. No obstante, a diferencia del verano pasado, el conjunto celeste compareció con toda su artillería en el Ángel Carro. Pero los de la ciudad olívica sólo expusieron algunas dosis de contundencia defensiva, que se diluyeron en medio de otros errores puntuales. De esta manera, ni los de Quique Setién ni los de Paco Herrera fueron capaces de perforar las metas contrarias. La igualada sin tantos se tornó irremediable.
La valentía marcó el inicio de partido del Lugo. Los rojiblancos no renunciaron a sus habituales señas de identidad y se adueñaron de la posesión de balón ante un rival aletargado. El Celta, que ofreció una pobre imagen, se resignó a perseguir a los futbolistas de Quique Setién por el césped y a esperar a que el destino le brindase la oportunidad de sacar a relucir su calidad para decantar la balanza a su favor. Todo ello con el freno de mano echado.
Al Lugo le faltó enlazar con su ariete, descubrir el último pase decisivo para someter a un rival superior sobre el papel, pero rácano sobre el tapete. Ballesteros no encontró algún compañero que le nutriese y las opciones para batir a Falcón por parte de los locales pasó por recurrir a los disparos lejanos.
Durante el acto inaugural, el Celta no inquietó los dominios de Escalona. A excepción de una acción aislada en la que el cancerbero rojiblanco, tras errar en un control, a punto estuvo de dejar que el cuero se introdujese en la portería. Rectificó a la carrera para salvar los muebles en la línea de gol.
Equilibrio
A medida que el primer tiempo se fue consumiendo, las fuerzas se equilibraron. El ataque del Celta siguió sin filo, pero algunas imprecisiones de la zaga local, que por momentos se descolocó con relativa facilidad, elevaron la incertidumbre en el Ángel Carro.
La igualdad se mantuvo hasta que restaba media hora para la conclusión del choque. Entonces, el Celta elevó un punto el pistón y agregó intensidad a sus acciones. Los celestes querían el botín. Pero el Lugo respondió con alguna acción gatuna de Escalona y con varios arañazos en forma de contragolpe que amansaron la furia viguesa.
Tornero volvió loco al lateral zurdo de los visitantes, pero no tomó buenas decisiones para servir la inyección letal y decisiva. Y, en medio de las idas y venidas, el choque fue muriendo en un mar de acciones a balón parado que no encontraron las redes contrarias. El Lugo firmó un empate de prestigio ante un rival del que contaban que será un grande en Segunda. Deberá demostrarlo en otros lares y con más argumentos.