«Hasta que nadie me dé una patada, mi objetivo es llegar lo más alto»

Marcos Pichel LUGO/LA VOZ.

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«Tengo muchas ganas de demostrar lo que valgo», dice el ex lateral derecho del Lugo, estos días de vacaciones en su casa a la espera de resolver su futuro

11 jul 2010 . Actualizado a las 02:35 h.

Con 26 años, Ramón Rodríguez Álvarez (Lugo, 1984), Moncho para el fútbol, se encuentra en una situación crucial para su vida deportiva. Un curso después de su salida del Lugo, tras su paso por el Villaralbo de Tercera y el Lanzarote en Segunda B, donde ha alcanzado la madurez, despejará en los próximos días su futuro, que podría llevarle lejos de España.

-Después de toda la vida en el Lugo, ¿le dolió salir?

-Iba a tener que pasar tarde o temprano. No se me dio la oportunidad de renovar y al principio sí duele, mucho. Pero la experiencia que se saca al ir fuera es muy grande. Se hace raro el no seguir todos los días la ruta al Ángel Carro, jugar allí, que cada día me gustaba más.

-Desde que subió a la primera plantilla se había ganado la confianza de los técnicos y acabado como titular.

-Sí. Con [Juan] Fidalgo, con Fonsi [Valverde]. Me dieron mucha confianza. Era un chaval, y a nadie le resulta fácil salir de juveniles y llegar a Segunda B. Las cuatro temporadas acabé jugando más que los que habían traído para mi puesto.

-¿Salir de casa es bueno para la madurez de un jugador?

-Nunca se es profeta en su tierra. Es muy raro el futbolista que no tenga que salir, curtirse, llevar palos para crecer.

-Con dos cambios de equipo, ¿cómo definiría esta última temporada?

-Estuvimos esperando por una cosa del Oviedo que al final no salió, pecamos de inexpertos, y equipos de esa talla al final tiran de talonario y prefieren fichar a alguien de Segunda que tenga más experiencia. El verano se dio fatal. Fui al Villaralbo, porque me ofrecía un buen proyecto y unas buenas condiciones. Esa experiencia me dio madurez como persona. Después, al decidirme en diciembre por el Lanzarote, no me pusieron ningún problema. En Canarias crecí como futbolista. Conseguí estabilidad y regularidad, también por la confianza del míster.

-A su llegada al Lanzarote el equipo se colocó en zona de salvación, pero luego descendieron. ¿Cómo llevaron anímicamente esa situación?

-Mal. Un palo muy duro. Cuando el club apuesta tanto... Era mi primer descenso, no dábamos salido de ahí abajo... Pero el club se portó genial. Aún me llamaron hace unos días para ver cómo me iba.

-¿Tiene prisa por resolver su futuro?

-No. Algún entrenador incluso me ha llamado directamente, otro representante me ha comentado alguna posibilidad... El móvil está más activo. Si veo que comienzan las pretemporadas y no hay nada, ya veremos. Yo ahora trato de mantenerme, yendo a correr, al gimnasio.

-¿Volvería a salir de Galicia?

-Aquí siempre estás cerca de casa. Pero a mí no me importa coger las maletas. Sea Galicia, sea España o el extranjero.

-¿Cabría la posibilidad de jugar fuera de España?

-Sí. Me ha venido por dos partes, pero de momento han sido palabras. Podría ser un salto muy grande, para volver en un año o dos, con un equipo de Primera en el currículum, obviamente en una Liga no tan puntera.

-¿Y aquí, en Segunda B?

-Prioritariamente sí. Pero si tengo que bajar a Tercera, me ha llamado uno de los mejores de España de la categoría.

-¿Las ofertas que se reciben son ahora más bajas?

-Sí. Y por lo que van contando los compañeros. Antes, en algunos sitios se pagaba una barbaridad, no era normal para ser Segunda B. Ahora bajó.

-¿Cuál es su sueño por cumplir en el fútbol?

-Creo que me quedan muchos años. Tengo muchas ganas de demostrar lo que valgo, y que alguna gente algún día se arrepienta de no haberme dado confianza. Ahora tengo muchas ganas de jugar en Segunda B. Y hasta que nadie me dé una patada, mi objetivo es llegar lo más alto que pueda.