Tendrán suerte (ya la están disfrutando) los responsables de la caída libre del Lugo. Ya se sabe, que, por estos pagos, está prohibido buscar culpables y menos exigirles responsabilidades. Mejor, aquel aserto del filósofo que rezaba más o menos: «Dejad hacer, dejad pasar, que el mundo marcha por sí solo». Como si las cosas se resolviesen por sí solas o por generación espontánea. El propio Setién reconoce que el derbi de A Malata ha mostrado la peor cara del Lugo. Todos de acuerdo, pero, ¿y las soluciones, dónde están, si las hay, a estas alturas? A Malata testificó el enésimo fracaso del equipo rojiblanco desde que entró en barrena. Y lo hizo, como siempre, dominando al rival estérilmente, jugando con uno más y recibiendo un duro castigo al contraataque. Luisito sufrió un ataque de histeria con uno de sus jugadores, cuando el Racing marcó el primer gol. Los nervios le traicionaron, porque se jugaba una finalísima para eludir el descenso y temía antecedentes recientes que le aguaron la fiesta. Pero este Lugo es tan dócil, inofensivo y previsible, que ahora se dedica a resucitar a los desahuciados, sin apenas sobresaltos para los mismos. Vamos, lo que se dice una perita en dulce. Y eso que estos son de los que ocupan los lugares de abajo de la clasificación, como ya nos anunciaba algún pitoniso frustrado hace poco, como anticipo de un futuro halagüeño. Pues va a ser que no, majo, porque hasta el Compostela, colista oficial, puede sacarnos los colores el próximo domingo en el Ángel Carro, si los rojiblancos no reaccionan de forma inmediata. Hay un alto peaje que se pagó en A Malata, con las nuevas lesiones de Seoane y Marcos, por si le faltaba algo al devenir de los lucenses. Si su técnico admitió que les faltó fondo físico, habrá que convenir en que sólo la próxima bajada del telón salvará de más sufrimientos. Pero si se confirman los rumores de otro importante déficit económico que sumar al actual, entonces el regreso al oscuro pasado sería inevitable. Ojalá que no.