Todos le dicen a Álex Bao que calma, aunque él quiere comerse el mundo. No es para menos. El joven central del Lugo, que pasó por el quirófano en octubre para restañar el ligamento cruzado de su rodilla, quema etapas en su recuperación, ya sin muletas, y con renovados ánimos. «Fui a revisión y el médico me dijo que estaba cañón, que podía dejarlas», relata el futbolista.
Fue a A Coruña apoyado en las muletas y volvió por su propio pie. «Camino sin problemas y no tengo molestias», explica. Su rutina diaria, encaminada a la recuperación, comienza a las ocho de la mañana con dos horas de fisioterapia. Después, al gimnasio del Ángel Carro, donde sus compañeros, cuando lo vieron acercarse hacia ellos por primera vez, a pie, le tributaron una sonora ovación. «Empezaron a aplaudirme», recuerda. Y por la tarde, a nadar en la piscina.
Cuenta Bao que ya dobla la rodilla tanto como la derecha, algo que sorprendió a su fisio, como el que no le doliera «nada» la articulación en las primeras sesiones de trabajo. «Todos me decían que iban a ser muy molestas», cuenta, por las experiencias de su propio entrenador, Aira o Losada. Y define su estado de ánimo: «Estoy genial».