El Lugo cayó en el derbi con el Montañeros, pese a controlar el balón, con un tantol de su ex delantero
01 feb 2010 . Actualizado a las 17:55 h.Dudaba Rubén Pardo en los días previos si celebrar un gol en el Ángel Carro, su hogar la temporada pasada. «Lo que salga en el momento», decía, como intuyendo que los hados le iban a permitir marcar contra el Lugo. Y goleó, y su tanto, único, le dio la victoria a un Montañeros que después se dedicó a contener a un conjunto local que volvió a tropezar en casa, pese a dominar. No le salió nada en ataque, incluso le sacaron un gol en la línea de meta. Tercera derrota en su feudo de los rojiblancos, de nuevo en un derbi y de nuevo por 0-1. El Montañeros se acerca más a los cuatro primeros.
Cuando los resultados no acompañan, lo que en otro momento se quedaría en anécdota asciende a categoría. Detalles que pasarían desapercibidos, o en otros momentos nimios, se suman para encontrar explicaciones a lo que no sale. ¿Cómo el segundo equipo más goleador de la categoría se puede quejar de falta de definición? Ayer el Lugo mostró el ejemplo más palmario. Muchas más ocasiones que su adversario y al menos tan claras, pero sin el acierto necesario para guiar el partido a su redil. Poseer el balón a veces no es suficiente para dominar, pues no se encuentra la profundidad habitual. O cómo un equipo que llega tejiendo juego a la portería contraria ve que su mejor recurso para atacar a un rival que calca su discurso es el balón parado, porque el remate en ugada siempre encuentra algún obstáculo. Innumerables los córneres en los que siempre creó peligro, o faltas cerca del área, tanto en la primera como en la segunda mitad.
Y al contrario, esos detalles engrandecen al contrincante. Se vio un Montañeros seguro de sí mismo con el balón en los pies, aunque lo tuvo poco. Cuando lo movió con criterio hizo sufrir al Lugo, que sólo podía correr tras él. Y utilizó en su favor el recurso con el que más sufren los de Setién por jugar con una defensa adelantada: balones en profundidad para su flecha en la delantera: Rubén Pardo. Y ahí radica otra de las diferencias. El ex rojiblanco, con ocho tantos hasta ayer, demostró por qué es el máximo realizador de los coruñeses y por qué tiene un sitio en Segunda B que en otros lares no encontró: con el habitual ansia que mostraba en el Ángel Carro, pero con la camiseta blanca del Montañeros, hizo imposible para cualquiera de sus pares seguirlo en los desmarques. Por eso, su primer remate al palo, tras superar a la defensa local con un pase medido de Herbert. Por eso, su primer y definitivo gol, de nuevo a pase del menudo extremo derecho, imparable y de cabeza.
Otro fútbol es posible
En definitiva, aunque no se vio el despliegue ofensivo previsto, Lugo y Montañeros mostraron que otro fútbol es posible. Difieren los parámetros que manejan. Los locales prefieren la movilidad; los visitantes conducen mucho más el balón. El problema para los de Setién es que José Ramón entendió que buena parte del potencial creativo de los rojiblancos arranca de las botas de Marcos. Y el de Marín no tuvo su día, complicado por la presión a la que fue sometido con el balón en su poder. A ello se le añade que otra de sus vías, la que genera Tornero por la banda derecha, estaba obstruida. Y por encima de todo, sus hombres gol no remataban. Solo inquietaban a la bien plantada defensa blanca los desdobles y ayudas de Cancela y Arroyo por el ala izquierda.
Aguantar y correr
Con el resultado y el devenir del tiempo a su favor, el Montañeros olvidó cualquier veleidad ofensiva. Al fin y al cabo, ¿por qué arriesgar cuando se puede esperar al fallo del contrario y armar una contra? ¿Que así se traicionan los principios? Maquiavelo bien pudo haber hecho un máster en fútbol, porque tres puntos y acercarse aún más a los puestos de promoción bien valen el recular y aguantar la embestida local.
Sí se mantuvo fiel a sí mismo el Lugo. Cierto que su día era obtuso, que no encontraba la cadencia ni, sobre todo en la segunda mitad, cómo hacer sufrir al meta visitante Diego. En ningún momento intentó el último recurso del patadón, colgar balones y buscar lo que no salía con la elaboración. Insistió en tocar y tocar con los cambios. Incluso al final, Setién, que pedía desde la banda paciencia a sus futbolistas, sacó a Aira para colocar a Maestre de enganche con Maikel y Losada, que parecían desamparados hasta entonces. Pero ni así. El balón rondó el área, pero el Lugo no tuvo la capacidad para empatar.