Sin tratar de caer en euforias innecesarias, así como en vanas ilusiones pasajeras, lo cierto es que al Lugo le sienta como un guante el traje de promocionista circunstancial. Es más, ni le abruma ni le pone nervioso. Antes al contrario, el equipo lucense se siente fortalecido en esa zona noble de la tabla y desde esa atalaya se ha permitido el lujo de consolidar su posición hasta escalar el tercer puesto tras ganar por primera vez en Lasesarre al histórico Barakaldo (0-1). De penalti, injusto o no, pero con diez hombres tras la expulsión de Dani Cancela. Más difícil todavía.
Pero la mejor noticia para los de Quique Setién es que este equipo mantiene una línea ascendente, con una clara capacidad de mejora en su rendimiento. Y si ese teórico techo no se ha alcanzado todavía -y a fe que no se ha alcanzado hasta la fecha-, es de esperar que el margen de mejora no se estanque por ahora. Sería la mejor noticia para el futuro de este equipo. Y también para el del propio club.
Por ahora, los números empiezan a batir marcas en la historia de la militancia rojiblanca en Segunda B. El golaveraje parcial (26 goles marcados por 13 encajados) es de una solvencia incuestionable. Y refleja en gran medida el enorme equilibrio que está logrando Setién en el rendimiento del equipo.
Con ese juego vocacionalmente ofensivo como sello de identidad propia, lo cierto es que, al miso tiempo, el equipo funciona como una máquina engrasada. Cuanto antes recupere sus señas de identidad, antes habrá dado el golpe definitivo.
El fútbol es para los ambiciosos con cerebro. Que parten y comparten la partitura de la humildad, enterrando, al mismo tiempo, cualquier complejo de inferioridad histórica.