«Cuando el árbitro que nos pita no está borracho, está cojo»

CDLUGO

«Cuando el árbitro que nos pita no está borracho, está cojo». Así resumía Vázquez en la Radio Galega, el capitán del Pontevedera, el encuentro disputado ayer en el Ángel Carro, en donde el Pontevedra perdió, según dijo, «sin excusas».

Un pletórico inicio de segunda mitad sirvió al Lugo para doblegar a un Pontevedra (2-0) que funcionó a tirones. Noguerol asumió la responsabilidad de los locales tras el descanso para poner contra las cuerdas a un contrincante que dejó muestras de calidad a cuentagotas. Los granates reaccionaron en el tramo final del choque, pero el tiempo se agotó antes de que los de José Aurelio Gay pudiesen arañar algún punto.

Después de una primera parte de más a menos y con fases demasiado sosas, las ideas de los locales se aclararon tras el paso por vestuarios. Los rojiblancos salieron en tromba en la segunda mitad y, bajo la batuta de Noguerol, pusieron cerco a la portería de Sainzar. El mediapunta se sintió con total libertad y, a la segunda oportunidad, colocó a los suyos por delante. El Lugo ofreció sus mejores minutos ante un rival que había perdido la seguridad defensiva y que apenas podía contener las violentas acometidas de las hordas de Fonsi Valverde.

A los visitantes solo les quedaba la heroica después de que Alberto García ampliase la distancia con un remate de cabeza dentro del área. Gay dio una vuelta de tuerca a su equipo para reconducir un choque que se había puesto muy cuesta arriba. Con las líneas más adelantadas, los granates fueron cercando el área de un Lugo que ansiaba sentenciar al contragolpe. Un penalti innecesario de Javi Muñoz propició que Gato redujese diferencias y sirviese una máxima incertidumbre para afrontar el desenlace.

La tensión incrementó en los últimos minutos. El Pontevedra fue incapaz de equilibrar la contienda mientras que el Lugo recurrió a pérdidas de tiempo para amarrar el botín.