La solvencia del Lugo a balón parado acabó con el Celta B

Marcos Pichel

CDLUGO

Regresó el Lugo a las victorias a costa de un Celta que tiene juego pero no llegada, y que suma su cuarta derrota consecutiva. Los de Valverde aprovecharon su gran efectividad con un juego práctico.

Para bien o para mal, una gran parte de las veces, los goles condicionan el juego desempeñado por los equipos sobre el terreno de juego. Pueden hacer cambiar la decoración. Ayer el Lugo, por ejemplo, no estuvo cómodo en el campo hasta que consiguió tener el marcador a su favor. Mientras tanto, hubo de contemplar cómo el Celta ocupaba todo el ancho, combinaba a placer, y se plantaba en el área rojiblanca por unas bandas demasiado desprotegidas por la acumulación de defensores en el centro.

El Celta varió su estilo cuando Ferrán se plantó solo delante de Javi Muñoz y lo batió con tranquilidad. Quisieron los celestes encerrarse y coger a contrapié a los locales, pero no lo lograron, encontrándose de repente acosados y encerrados en su área, por los impulsos de un Lugo que necesitaba crear ocasiones de peligro por cualquier método.

El método más efectivo fue, de nuevo, el balón parado. El empuje local se tradujo en un buen número de faltas cercanas al área, y también córneres, y siempre se notó a la defensa celeste demasiado inquieta en cuanto el balón rondaba los dominios de Joel. Así llegó el limpio cabezazo de Aira para colocar el empate (y una rotura en la ceja que le obligó a jugar el resto de partido con una venda alrededor de la cabeza, a la vieja usanza), o el 2-1 de Alberto García, en un rechace también tras un saque de esquina.

En el Celta, el peligro lo encarnaba sobre todo un hombre. La movilidad de Iago Aspas, que se ofrecía por todo el campo. Pero a los celestes les faltó pegada para volver a meterse en el partido.

Sustos de Gail y Alba

El Ángel Carro se ha convertido en el campo de los sustos para el filial céltico. Allí se lesionaba de gravedad el año pasado el central Andrés Túñez y ayer hubo dos sustos importante con Dani Gail y Alba, que tuvieron que retirarse con fuertes golpes, uno de ellos con una conmoción. Al final no hubo gravedad.