En directo | Un día con los turistas Los visitantes que llegan a Lugo, aunque no todos pernoctan, se van muy contentos con el ambiente que se vive en la capital lucense y por la calidad de sus monumentos
02 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Son muchos los turistas que como Rosa María, Luis Miguel o Víctor Sánchez visitan en verano las calles de Lugo. Pertenecen al grupo cultural Morillejo y se desplazaron desde la Comunidad de Madrid para disfrutar de siete intensos días de vacaciones. Pero no todos se quedan en Lugo ciudad. De hecho, el campamento base lo establecieron en Foz. Alguna pronunciaba Fox, pero ni se refería al presidente de los mexicanos ni a esa conocida productora de cine norteamericano. Así que dejémoslo en Foz, esa hermosa localidad de A Mariña donde el visitante sí podrá encontrar el mar. Y no lo digo gratuitamente. El pasado domingo por la tarde, mientras uno paseaba por el adarve de la Muralla, escuché preguntar a alguien dónde había que ponerse para ver el mar; en Lugo, si. ¿Se referirían la Miño? No, ¡qué va! Eso me hizo pensar que por lo que se ve -tampoco conviene exagerar-, el turista tiene más claro lo de la Muralla y aquello del «Y para comer Lugo», que distinguir entre lo que es provincia y ciudad. A lo mejor conviene o posiblemente no, vayan ustedes a saber. En cualquier caso, dado que los de Morillejo no iban a quedarse a dormir en Lugo sino en Foz, se me ocurre que tal vez los hoteles, hostales y pensiones debieran lanzar y hacer suyo otro lema parecido a aquél. No sé, se me viene a la cabeza un lema que vaya dirigido sobre todo a los habitantes de lugares como Barcelona, Cáceres o Madrid, donde dormir por la noche se hace una misión imposible. Evidentemente no vamos a negar el que sufrimos aquí en fechas como éstas, pero no olvidemos igualmente que las noches aquí suelen ser frescas. Por lo tanto, no estaría mal un lema que dijera: «Para dormir en verano, la noches en Lugo». Ni mucho menos pretendo que nadie lo acuñe, aunque como reflexión puede tener su interés. ¿O no? Eso sí, quede claro que a las horas centrales del día también aquí acostumbra a pegar fuerte. En la «Domus Oceani» Por eso y pese a venir de Morillejo, este grupo de turistas al que hemos convertido en protagonistas suspiró nada más entrar en la Casa dos Mosaicos. «¡Que fresquito!», exclamaban según iban bajando unos detrás de otros por las escaleras de acceso. A Luis Miguel, ya mencionado, representante de una agencia de viajes de Leganés y por tanto responsable del grupo de Morillejo, le gusta decir que el lugar de dónde vienen está pegado a la central nuclear de Trillo. Pero lo cierto es que mucho antes que las centrales nucleares, los romanos ya habían construido un Imperio y levantado ciudades como Lucus Augusti. De ese hecho histórico, nos quedó a los lucenses un legado más que importante, no todo a la luz ni todo descubierto. Parte del mismo se encuentra en esta Casa de Océano o Domus Oceani, que visitaban los madrileños anteayer. Como acostumbra a ocurrir, también en otros lugares, no todos los lucenses la conocen, si bien merecería la pena que así lo hicieran. No únicamente por los restos arqueológicos hallados en 1999 en Doutor Castro, sino por la proyección y siguiente explicación que en la misma se puede ver. Aunque breve, permite que una vez visto todo el mundo se lleve una idea de lo que pudo ser la Domus Ocenai y el Lugo romano. Algunos, como les ocurrió a la mayoría de los integrantes de este grupo, nunca habían oído hablar del cardo y el decumanus, las dos vía principales de la ciudad. Tampoco les sonaba el oecus (la sala de recepción de la Casa), ni sabían de los significados implícitos al hecho de que, por ejemplo, junto al umbral principal de la Domus se encontrase la imagen del dios Océano, acompañado de peces y otro motivos marinos. Lección de historia A todos les agradó conocer que la misma debió pertenecer a un personaje importante de finales del siglo III o inicios del IV d. C. A Rosa María le impresionó más, saber que entonces los romanos se las habían ingeniado para dotar de calefacción algunos espacios de las casas. Por su parte, Víctor Sánchez, un joven que no debía sobrepasar el cuarto de siglo, después de declarar que la proyección le había parecido muy clara y bien hecha, fue más preciso que su compañera y salió hablando del hypocaustum. No obstante, ambos se manifestaban impresionados con que por debajo del pavimento hubiera ya entonces instalado un sistema de calefacción. El aire caliente circulaba por unos canales radiales y procedía de otra estancia adyacente denominada praefurnium. Esto también encantó. De todas formas, no calefacción sino un sistema de aire acondicionado necesitarían los turistas para después de esta visita irse a recorrer la Muralla. Y es que, como se decía al comienzo, su intención no era la de pernoctar en la ciudad. «Hemos venido para conocer la provincia y la forma de vida rural, además de la costa lucense,», explicó el responsable de la expedición. Luis Miguel nos dejó dicho lo que tenían previsto visitar en la ciudad: la Muralla, la Domus Oceani, la catedral y la iglesia del Carmen. Todo, eso sí, después dun bo xantar .