Treinta y tres jornadas y casi ocho meses hubo que esperar para ver al Lugo lejos de los puestos de descenso. Y parece que ha valido la pena tanto sufrimiento. De momento, con la victoria de ayer sobre el Alcalá (1-0), la cuarta consecutiva, aunque fuera por la mínima y de penalti, el conjunto rojiblanco abandona el descenso y hasta el puesto de promoción. Beneficiado por la derrota del Marino y los empates de Langreo y Corralejo, los de Vidales y Mosquera completan la remontada y una gesta que, a falta de la confirmación total en las últimas cuatro jornadas de campeonato, hace realidad un sueño por el que muy pocos daban un duro hace sólo un par de meses. Sin Héctor ni Trigo, dos de los pilares en el cuadro lucense, sancionados, los rojiblancos demostraron que tienen casta y valor suficiente para conseguir la ansiada salvación. Y lo hicieron ante un equipo con experiencia, que jugó sus bazas, aunque sin demasiados alardes ofensivos. Los pupilos de Vidales y Mosquera se adaptaron al rival y supieron sufrir en un partido tedioso y trabado. El gol llegó en un regalo rival. Un defensa del Alcalá hizo una mano tan clara como tonta en el centro del área y el árbitro señaló el punto de penalti. Mario transformó con solvencia.