FÚTBOL / SEGUNDA B
14 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.No va a tener nada que ver esta primavera del 2002 con del 2001, una estación florida que agobió a los aficionados al fútbol en la capital lucense. La tranquilidad está a la vuelta de la esquina. El Lugo se encuentra en un territorio más tranquilo, a cuatro puntos del décimo puesto, que en estos momentos ostenta el próximo visitante del Ángel Carro (Amurrio) y con la promoción de descenso a la misma distancia. El equipo rojiblanco tuvo que conformarse con un empate ante el Marino, pese a que, sobre todo en la primera mitad del choque, dispuso de oportunidades para haber conseguido el triunfo, ya que fue el amo y señor del partido en ese período. No obstante, el despiste defensivo que facilitó el gol del Marino y el poco acierto cara a la portería contraria -perdió numerosas oportunidades- fueron las claves de un partido, que los asturianos no dieron por perdido hasta el final. La escuadra lucense saltó al terreno de juego dispuesta a hacerse con ventaja cuanto antes para afrontar el resto del encuentro con mayor tranquilidad. Los lucenses pronto se hicieron con el dominio del esférico y comenzaron a poner en apuros a la zaga local, muy replegada en su propio campo. Las ocasiones se sucedieron en los primeros diez minutos a un ritmo vertiginoso. Una dinámica que, a la postre, favoreció al Marino, que supo aprovechar una contra para dar una estocada a su rival. Era la primera ocasión clara de gol y los cántabros lograban adelantarse en el marcador, gracias a un tanto de César. El combinado local había conseguido su primer objetivo: Hacerse con la ventaja, para jugar con mayor comodidad el resto del choque, resguardando bien su defensa para no pasar apuros. Y así, el Marino continuó metido en su campo, encargándose de no dar opción alguna a su rival en ataque. El Lugo comenzó entonces a dominar por completo el encuentro. Con el paso de los minutos, los pupilos de Díaz pasaban una y otra vez al terreno rival, aunque eso sí, sus jugadas de ataque carecieron, la mayor parte de las ocasiones, del mordiente necesario como para igualar la contienda. Pese a lo cual, la situación se ponía de cara a los rojiblancos, que colocaban contra las cuerdas continuamente a un Marino que se defendía como podía, de los potentes contragolpes rivales. Así estaban las cosas en Luanco. (Pasa a la página siguiente)