FÚTBOL / EL DERBI DE PASARÓN El Pontevedra pareció haber vivido su particular noche de halloween en vísperas del derbi con el Lugo. A buen seguro que los granates no emularon a los béticos. Ganan menos que ellos pero son más profesionales.
10 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Sin embargo, su primer tiempo fue una antología pura del desastre. Trataron de reaccionar tras el descanso pero los lucenses estaban muy crecidos y ordenados defensivamente y acabaron consiguiendo la primera victoria a domicilio de la temporada. Julio Díaz sabía cómo contrarrestar las armas del Pontevedra en su terreno de juego. Conoce perfectamente Pasarón -ocupó el banquillo local durante dos temporadas- y sabe la presión que cae sobre el equipo cuando el rival es capaz de desdibujarlo durante la primera media hora. Lo intentó con un sistema muy flexible, con unas líneas que actuaron a modo de acordeón y consiguió que el Pontevedra realizase, con mucho, la peor primera parte de esta Liga. Raúl González, por su parte, desesperado por ofrecerle un espectáculo a su afición acorde con la trayectoria del equipo intentó que éste llegase ante el Lugo. Para ello, se decidió a variar el sistema de juego empleado ante el Ourense y Cultural Leonesa. Quizá no quiso menospreciar a su rival. No es su estilo. Pero sacó a Luismi del centro de la zaga para incorporar a un punta más y el equipo deambuló durante 45 minutos. Es decir, tiró por la borda el período inicial y después llegaron las prisas. Y en ese terreno los granates no se sienten cómodos. El único poder ofensivo del primer acto fue de los lucenses. Vichu y Rafa pusieron en apuros a Sierra y hasta el minuto 26 los granates no remataron ni un solo balón sobre la portería visitante. Lo hizo Curiel, de cabeza, que se fue fuera y posteriormente un centro de Sergio sirvió para que Alberto, también con la testa, rozase el poste derecho de Rafa. Era un querer y no poder de los granates y metidos en ese fregado llegó una contra del Lugo que acabó en gol de Rafa que el árbitro acabó invalidando. Señaló una falta previa de David Sanz a Sierra -el ariete lucense le abrió una ceja al portero granate que necesitó seis puntos de sutura-, pero el árbitro no la pitó hasta que el remate de Rafa llevaba el camino de la red. El descanso sirvió para que los jugadores de Raúl González cargasen las pilas y salieron enrabietados al terreno de juego. Fue como un huracán. Adelantaron su presión y se adueñaron por completo del partido. Pero su falta de acierto le hizo perder gas y ni los cambios en bloque del técnico granate con la entrada de Melo, Diego Castro y Pedro Muñiz por Toni, Óscar Bruzon y Alberto -la reaparición de Melo tras dos meses lesionado fue recibida desde las gradas con un gran aplauso-, dieron resultado. Tres minutos después David Sanz entró como perico por su casa en el área local y su disparo cruzado y con efecto, acabó en el fondo de las mallas. El propio David Sanz pudo, poco después, agravar el desastre pero Sierra evitó el segundo.