SEGUNDA B
28 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Adiós a la pretemporada. La Segunda B arranca este fin de semana con la llegada de los vascos, la Leonesa y la Gimnástica de Torrelavega. Galicia parte con tres aspirantes: Compos, Ourense y Pontevedra. Y dos incógnitas, el Lugo, en proceso de reconversión, y el Celta B, recién ascendido, joven y osado. La Voz de Galicia reunió en Santiago a los entrenadores del repocker de equipos de la comunidad. Los cinco conversaron, diseccionaron la categoría, vaticinaron, bromearon, y acabaron formulando un deseo espontáneo: «Ojalá volvamos a coincidir todos en la misma mesa después de la temporada». Raúl González abrió el turno de la palabra y empezó por lo inevitable, delimitar objetivos: «El del Pontevedra es un proyecto ilusionante. No vamos a renunciar a nada., pero desliza una sombra: «Intentaremos romper la inercia de los últimos años». Víctor Basadre, el querubín del quinteto, se muestra más prosaico: «En la última campaña se pasó mal y el presupuesto se ha reducido. El Lugo está haciendo las cosas con cordura para no caer en errores del pasado». La meta es la permanencia, pero siempre con la puerta abierta «a la ilusión». Milo Abilleira no se aparta un ápice de la filosofía filial: «Buscamos la permanencia y que algún jugador pueda subir a la primera plantilla». Antonio Teixidó, un trotamundos de la categoría, tiene claro que vuelve a una plaza complicada: «Hace dos años, con un equipazo, el Ourense cayó en la promoción. El último verano, igual. Las dos veces cesaron al técnico. Este año, el equipo se ha renovado y el play off es una exigencia». Luis Ángel Duque, en su primera incursión más allá de la M-40, también sabe donde se mete: «Para el entorno del Compos, después de tener reciente la Primera y bajar de Segunda, la Segunda B se ve como una catástrofe. La exigencia es promocionar. Y para eso hace falta humildad y trabajar. Si entras en el play off, después ya se verá». Casi hay unanimidad de los técnicos en evaluar como positiva la reestructuración de la categoría porque no tendrán que jugar por la mañana o tampoco tendrán que viajar a las islas y jugar en campos artificiales. La conversación fue dejando detalles de un Raúl González, romántico defensor de la «pureza del fútbol»; de un Teixidó pragmático, más preocupado «por la supervivencia» que por la «salud del fútbol»; de un Duque castizo; y de unos Abelleira y Basadre expectantes, con más retórica en sus discursos.