La desaparición de la de Montetorán se suma a las que han ido desapareciendo en los últimos años
02 ene 2017 . Actualizado a las 07:51 h.La semana pasada se conocía el robo de una campaña de grandes dimensiones en la comarca barbanzana, destinada probablemente su fundición. Este tipo de actos no van por fronteras comarcales, y de hecho en Bergantiños, Soneira, Fisterra y su zonas limítrofes ya se conocen unos cuantos casos en los últimos años. Los cacos dedicaron mucho tiempo el robo del cobre, pero tampoco le hacen ascos al bronce, sobre todo si, como acaba de ocurrir con la de la capilla de Montetorán, donde se celebra la primera y centenaria romería primaveral de la zona, están en un lugar apartado donde pueden actuar con facilidad. Y no solo para buscar campanas: hace casi tres años, en mayo del 2014, ya habían entrado en el templo para llevarse una imagen barroca (dejaron otra que hubo que proteger) y piezas de oro y plata. No hace mucho desapareció la de la monumental ermita de Castenda, en A Vila de Abade. Hace años le tocó a la de Arcai de Abaixo, en Gorgullos, y a la de Santa Susana, en Numide. En la capilla de Alborís, en la Alta de Rus, inaugurada hace casi 22 años y muy cerca de las anteriores, le sustrajeron las dos que tenía hace cinco años.
El robo más llamativo se produjo en Noicela, un domingo y a plena luz del día, cuando llegaron a la iglesia parroquia tres individuos con una furgoneta, cogieron la más pequeña y se fueron.