MEDIO VISADO | O |
06 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.SI EL amor mueve montañas, en el caso de Margarita tuvo que mover ni más ni menos que la cordillera de los Andes y cruzar el océano Atlántico para llegar a su meta en la pequeña localidad de Carnés, en el municipio de Vimianzo. Desde hace dos años, las tierras de Soneira se han convertido en el hogar de esta limeña a la que su particular Roberto Carlos cantó como nadie los versos de La flor de la canela. Y, así, decidió cambiar el viejo puente del río y la alameda por la fortaleza medieval que, como a ella, da la bienvenida a quienes llegan a Vimianzo. Con Margarita se rompen muchos tópicos. Tal vez el más importante, el de las dificultades de integración en los pueblos pequeños. No ha sido su caso, todo lo contrario. Su marido, su familia política y sus vecinos le han hecho más llevadera la adaptación a una cultura diferente, a la comida gallega y a la vida cotidiana en la que ya considera su casa. Si el amor mueve montañas, en el caso de Margarita también ha escalado la ladera de la integración para llevarla a la cima.