Una Barca para cada bolsillo

Participar en la romería muxiana tiene tantos precios diferentes como asistentes


Cee / La Voz

Asistir a la romería emblema de la Costa da Morte, sobre todo si es para pasar el fin de semana, puede tener tantos precios distintos como asistentes y maneras en las que se disfruta de la fiesta, que van desde la acampada de botellón hasta la celebración religiosa con o sin tapa de pulpo. Varía mucho si uno se conforma con dormir, o cerrar los ojos un rato en una tienda al borde de la playa, o quiere un apartamento, por lo que llegan a pagarse hasta 500 euros los tres días, dependiendo del tamaño, número de ocupantes,... De hotel ya nada, que no queda, lo máximo que había ayer por la tarde era alguna habitación compartida en un albergue a 30 euros la cama para dos personas.

A partir de ahí, el grueso del dinero se lo lleva la comida y, sobre todo la bebida, pero también en esto hay clases o más bien maneras de montárselo. Los jóvenes son, desde luego, los que hacen el grueso del gasto, pero sus presupuestos oscilan del que se deja llevar a cinco euros la copa, de media en el chiringuito, o el que arregla el fin de semana con una botella, los refrescos o, en su caso, cervezas, con lo que la factura baja al entorno de los 15 euros.

Para entrar en el festival de electrónica son cinco euros por persona, siete por tienda pequeña y otros 10 por vehículo, aunque lo habitual es pagar en el entorno de los 20-30 euros y hacerse con un espacio para una pequeña carpa o una tienda más o menos comunitaria.

A partir de ahí, entre el capítulo de los puros caprichos, que normalmente disparan la factura, en forma de megáfono, gorro estridente o cualquier cachivache que los vendedores ambulantes empiezan a colocar con mayor facilidad a medida que pasan las horas de juerga y se disparan las bromas entre los colegas.

Ahora bien, aunque en algunas zonas pueda parecerlo, la Barca no es solo de los jóvenes y también hay familias o parejas ya de cierta edad que acuden de manera más puntual, para pasar la mitad de un día, empaparse más del contenido religioso y comer o cenar en Muxía. Aquí, al margen de los restaurantes del pueblo, lo obligado es el pulpo, como ayer decía algún peregrino que no entendía muy bien de que iba la fiesta. Lito Mambis, toda una institución de estos establecimientos en las fiestas gallegas, explica que el producto va carísimo «pero a máis de 10 euros [la ración] non lle podes poñer, así que hai que baixarlle ás talladas».

Volver sin las rosquillas a casa no está bien visto ni para jóvenes ni para mayores, y oscilan entre los tres y los ocho euros, a los que sumar la estampa de la Virxe da Barca, que no cuesta más que la voluntad, que en el caso de muxiáns y otros devotos se mide en billetes colgados del manto.

«Nós arriba non compramos nada, levamos a botella»

Verónica López acude con un grupo de amigos de Carballo. Pensaban acampar en el festival de electrónica, pero los precios le parecieron caros, con lo que están en un pequeño terreno con otros amigos. Gastaron unos 150 euros: «E iso porque fomos ao barato do súper que somos pobres» y no piensan invertir mucho más. «Nós, arriba non compramos nada, levamos a botella», dice

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«Uns 50 euros cada un na fin de semana gastámolos fácil»

Laura Souto, Alba Espasandín, Mateo Ferrín, María Mosquera e Iria Freire pagaron 5,20 euros por el autobús, desde Negreira. Instalar una tienda grande para «ter baño e ducha» les costó 25 euros y la comida y la bebida la compran en el supermercado en Muxía. «Uns 50 euros cada un na fin de semana gastámolos fácil», explica Laura. 

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