BERRO SECO
30 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.DÍAS ATRÁS, por una de esas cosas que los periodistas de antaño achacaban a los duendes de la imprenta, cuando en realidad querían -y queremos- referirnos a los neuronales o electrónicos, un pequeño artículo señalaba lo llamativo o exagerado que podría parecerle a algunos que se acerquen «miles de visitantes» a ver el santuario de la Barca, las piedras y todo lo que le rodea. Obviamente, y estas alturas de la película de la vida, lo sorprendente sería justo lo contrario: que no llegasen miles. En realidad, el duende hambriento se llevó por delante el pequeño detalle de «automóviles», en relación a todos los que se pierden en el muelle por falta de indicación hacia el Cabo. Al final, todo se arregla preguntando y un par de maniobras. Y es que, en efecto, llega la Barca de Muxía: hoy la novena; mañana, como quien dice, Domingo da Barca. Y pasado, la del 2007. El tiempo vuela.