Alexandre Nerium: «De aquí vanse todos como amigos»

Turismo a toda costa | Lleva 13 anos enseñando la vida marinera en el interior del castillo de San Carlos, en Fisterra, período en el que ya han tenido más de 110.000 visitantes de medio mundo


carballo / la voz

Manolo López nació en 1960 «na rúa do Castillo» de Fisterra, así llamada porque remata precisamente en la fortaleza de San Carlos, que le da ese perfil tan característico e histórico a la localidad, visto sobre todo desde el muelle o desde la Ribeira. Pero los chavales al castillo no lo llamaba así, sino que mantenían la nomenclatura de sus mayores: «A casa da guerra».

Tampoco a Manolo, marinero toda su vida y poeta del mar casi toda, le llaman Manolo, salvo los conocidos de siempre. Es, de puertas a fuera, Alexandre Nerium, su nombre también de guerra en lo literario, autor de diversas obras de culto como Nocturnidade do sal en las que plasma su extremo conocimiento del mundo del mar.

Él fue, sobre todo, mariscador, y antes embarcado con su padre y hermano. Y ahora, desde hace trece años ya, es guía en el Museo do Mar de Fisterra, situado precisamente en ese castillo en el que tanto jugó de pequeño. «Estaba todo aberto, foi o noso primeiro polideportivo, ata lle puxemos canastras, e tamén lle dabamos ao voleibol. Un profesor usaba una bala de canón para o lanzamento de peso», recuerda. Estuvo años abandonado (hace mucho que no hay cañones ni nada parecido), y cuando se puso en marcha para atraer el turismo desde un punto de vista etnográfico hubo que darle una limpieza enorme, al margen de las obras imprescindibles. Había hasta jeringuillas de los años duros de la droga, como zona apartada que era.

Pero ahora el pequeño castillo es un gran museo de la pesca que aporta tres grandes valores: los elementos que se muestran, que tienen que ver con el mundo del mar y de la pesca en todos sus extremos; la propia fortaleza rehabilitada, de mediados del siglo XVIII y que tuvo guerra apenas 50 años, y en tercer lugar el propio de Nerium, que vuelca en los visitantes (también trabaja una compañera junto a él) todo su saber vital y oceánico, impregnado con poesía. Y no les va mal.

Los primeros años fueron complicados, pero ahora el barco navega con buen rumbo y es el Concello el que asumió la gestión hace ya un tiempo. Este mes de septiembre que acaba de terminar tuvieron mil visitantes, y en agosto, 3.000 (algo más del triple en total en lo que va de 2019). Desde que abrieron, superan las 110.000 visitas. Cada una paga dos euros, lo mínimo para conocer el nombre de artes de pesca, partes de los barcos, trabajos con las redes o con la madera, terminología que se va escapando con los mayores.

Mucho del extranjero

Nerium puede hacer en pocos minutos una buena radiografía del mundo del mar, pero también del perfil de los turistas, muchos de ellos peregrinos. Sobre todo, del extranjero: «Foron cambiando bastante. Antes viñan sobre todo alemáns e franceses, e agora predominan os italianos, alemáns e os de Estados Unidos». La mayoría son peregrinos. De España, la mayoría proceden de Madrid.

Mucho foráneo y poco problema con el idioma. «A compañeira fala varias linguas, e eu fusiono o léxico do mar galego co do estranxeiro». Es autodidacta: usa inglés, francés, alemán, italiano... «Moitos dos que veñen coñecen o léxico do mar, e entre todos entendémonos. Sempre hai xente moi culta, e axudámonos. Digamos que é un público selectivo. As relacións son estupendas. De aquí vanse todos como amigos, xente á que lle encanta o mar. E eu tamén aprendo moito», explica.

Valora especialmente que los visitantes aprendan cómo era el mundo del mar antes, la necesidad de subsistir. Recuerda muchas anécdotas, como cuando un premio Nobel de Química, quellevó Jorge Mira junto a Ángel Carracedo, aprendió lo que era el encascado de las redes, aplicando resinas y secados como capa protectora, y dijo que «iso era verdadeiramente a química, e non o que se fai agora». Todo impresiona, desde lo anterior a detalles como el escandallo, cuando una piedra bastaba para sondear los fondos. «‘‘O esforzo que fai un mariñeiro para traer peixe á terra’’, di a xente». Y añaden,. en palabras de Alexandre: «¡E din que o peixe é caro!».

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