José Manuel Traba, que espera al pleno para lidiar en el ruedo político, estrenó alcaldía el mismo día en el que Fisterra daba sepultura a dos vecinos
23 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.El nuevo alcalde de Fisterra, José Manuel Traba, vivió ayer su primera jornada al frente de la corporación. En su vida, dice, no hay por ahora grandes cambios. Lo peor fue lo funesto de la jornada: dos entierros de paisanos suyos. El primero, de Belarmino Castiñeira, el marinero ahogado el día 13, y el segundo el de un vecino que falleció joven a causa de una enfermedad. A tales males, con humor y coraje, Traba le sumó, a las siete de la tarde, una visita al cementerio de Sardiñeiro para disponer en él alumbrado público antes del día de Difuntos, algo que ya quería hacer Valentín Castrege. El inicio Traba inició su jornada como siempre: trabajando como profesor en el colegio Nosa Señora do Carme. Es un puesto que abandonará dentro de unos días, cuando aparezca su sustituto, «porque -dijo-non os vou deixar colgados». Después de lidiar con los chavales le tocó el turno a las obligaciones municipales. Traba sigue en el despacho que ocupaba antes como concejal de Cultura: «Alí teño toda a documentación, non preciso cambiarme», afirmó. Y allí comenzó a asumir tareas propias de regidor: «Xa tiven que firmar papeis -indicó-, subvencións, e outras cousas que Valentín deixara pendentes». Y en el consistorio permaneció hasta las tres. Por la tarde se despachó temprano con el entierro de un vecino y amigo, para partir después a preocuparse por otros temas que Valentín Castrege había pensado ya: la iluminación pública de los cementerios. Junto a Ramón Redonda y Leoncio Olveira, se desplazó hasta Sardiñeiro para planear el mejor modo de que allí llegue el alumbrado público. Hoy dedicará el día a su nuevo cargo. En el colegio trabaja los lunes, miércoles y viernes, así que no toca. Lo que hará será adelantar trabajo en el Ayuntamiento, otra vez en su despacho de siempre. Las nuevas responsabilidades parecen no haber afectado a su ánimo tranquilo, pero es que él está seguro de que todavía falta el paso más importante. Casi como si dijéramos, el bautismo de fuego, el próximo pleno en el Concello. Y falta poco, mañana mismo, José Manuel Traba Fernández se tira a la piscina de las batallas políticas, a verse las caras con la oposición desde el sillón de mando.