El portero del Arousa se quema un ojo con cal

CORISTANCO

Un jugador del Coristanco sube al bus del Corme y agrede a un rival

27 ene 2010 . Actualizado a las 17:39 h.

«Un sustazo de narices». Así recordaba ayer el entrenador del equipo juvenil del Arousa, Celso Couso, el angustioso episodio vivido el sábado en los minutos previos al partido de Liga Nacional que enfrentó a domicilio al conjunto vilagarciano con el As Pontes. Un encuentro que Couso tuvo que afrontar con su portero suplente, José, tras perder al titular en un desgraciado accidente. Diego Lago, que así se llama el guardameta titular del Arousa, sufrió una quemadura en su ojo izquierdo durante el calentamiento. El origen, la cal viva que, procedente de las líneas del terreno de juego, le alcanzó la cara en la sesión de tiros cortos que realizaba con su a la postre sustituto bajo palos. Couso recuerda cómo Diego «comezou a gritar» por el dolor. Allí mismo le lavaron el ojo con agua, trasladándolo al centro médico de As Pontes, donde se le limpió la zona con suero y se le indicó al jugador que acudiese a un hospital para que lo viese un oculista. Sus padres prefirieron llevarlo al Provincial de Pontevedra antes que a Ferrol. Afortunadamente, todo se quedó en una quemadura superficial en la córnea. Agresión en Coristanco El Corme ha decidido no denunciar al juvenil del Coristanco que entró al vestuario y al autobús visitante para golpear a un jugador cormelán tras el último enfrentamiento entre ambos conjuntos, según informa la redacción de La Voz en Carballo. «Non imos facer nada por medo. Así de claro. Queremos enfriar a situación porque ante todo está a imaxe do Coristanco e para que non pase nada. Cando veñan aquí xa me encargo eu de que non ocurra e cando volvamos alá pedireille aos directivos que tomen as medidas oportunas», comentó el entrenador cormelán Suso da Torriña. El técnico relató así los hechos: «Faltaban cinco minutos para o final e o árbitro pitou un penalti claro a favor nosa que ninguén discutiu. O rapaz que o provocou -non sei se os meus lle dixeron algo- pero meteuse no vestiario a pegarlle a un dos nosos. Tentamos quitarlle ferro e metelos chavales no microbús. Este (el presunto agresor) que estaba con outros tres ou catro entrou para dentro e seguiu dándolle. Mesmo lle tirou unha mochila e lle sacou a gorra ao seu adestrador cando o reprendeu. Nós marchamos de alí e acabouse o conto». «Menos mal que levábamos un equipo con case todo cadetes, porque se chegan a ir rapaces de 18-19 anos non sei que tería pasado. Agora xa está e esperemos que non volva a ocurrir», concluyó Da Torriña.