«Lo que estamos viendo es el resultado del éxito de la contrarrevolución»

El médico del Virxe da Xunqueira presenta un ensayo sobre la revolución árabe


cee / la voz

El oftalmólogo del Virxe da Xunqueira y la clínica La Paz de Cee Mohamed Safa, nacido en Cisjordania hace 56 años, vive en Corcubión, está completamente integrado en la zona donde participa en numerosas iniciativas sociales y culturales, pero se considera árabe, por nacimiento y porque «soy un ciudadano del mundo árabe», como dice. De ahí que haya seguido con interés los conflictos sociales y políticos que han sacudido la región desde finales del 2010, lo que se conoció como Primavera Árabe, y dedicado el último año a escribir La Revolución Árabe. Democracia, nacionalismo, religión y Palestina como nudo gordiano, ensayo que se presentará el jueves a las 20.00 horas en la Casa da Cultura de Cee.

En el libro, Safa, como explica él mismo identifica tres factores claves «de lo que estamos viviendo, que es realmente el resultado del fracaso de la revolución y el éxito de la contrarrevolución»: el papel de los ejércitos, la intervención extranjera y la propia dinámica de las revueltas; además de incidir, a lo largo de 11 capítulos en otros asuntos, como la información sobre estas realidades que llega a occidente a través de los medios.

En el primer plano, el de los militares, pone de relieve el caso de Túnez, el único en el que se puede hablar de «éxito relativo» y defiende que fue posible porque «el Ejército no intervino porque no formaba parte de la estructura del Estado. No se sintió agraviado porque el Gobierno no era el suyo». En el resto ha tenido un concurso claro y decididamente contrarrevolucionario. Cita el caso de Egipto, donde el 40 % de la economía dependen directamente de los militares, y donde «en un principio apoyó a la población, no porque rechazase el sistema de repúblicas hereditarias impuesto desde los años 60, sino por el hijo de Mubarak [el dirigente derrocado] no era uno de los suyos. Les daba igual quién fuese el sucesor, pero siempre dentro del Ejército».

La intervención externa la explica a través de un paralelismo con El retrato de Dorian Grey, el clásico de Oscar Wilde, porque «Occidente se vio seducido con esta belleza [la de la revolución] y creyó que el deterioro podía encerrarlo en un cuadro en un sótano». El resultado fue el contrario, «el árabe que buscaba apoyo en ese Occidente democrático acabó por verlo de la peor manera posible, «como invasor e intervencionista».

Por último se centra en el propio discurrir de los procesos «porque no hay revoluciones buenas o malas. O es necesaria o no lo es y esta era imprescindible». Sin embargo, incide en que «ninguna revolución por sí misma ha traído nunca un sistema democrático directamente» y en este caso, los jóvenes, que fueron los protagonistas, «no tenían un modelo para instalarse en el poder». Eso fue visto en principio como «un gesto democrático», pero acabó convirtiéndose en una deficiencia «porque la élite no estaba en ese camino» y sí tenía una estrategia para ocupar el poder, generalmente sustituyendo un autoritarismo por otro.

Con toda esta base, y aunque los hechos llaman al pesimismo, Safa deja claro que «no es algo genético» que los árabes no puedan vivir en democracia, solo que les falta construir «sociedades civiles fuertes y estados laicos»; lo mismo que ansía para su Palestina natal, a la que considera «el paradigma del fracaso del derecho internacional», pese a lo cual no pierde la ilusión.

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