ARA SOLIS | O |

07 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

NUNCA ME cansaré de repetir hay pleno municipales que merecerían ser televisados. Algunos son tan surrealistas que rozan la genialidad y es una pena que a ellos sólo asistan los periodistas -obligados- y los concejales -en cierto modo también obligados-. En ocasiones es imposible contener las carcajadas con las intervenciones de los ediles y recuerdo uno en el que el alcalde incluso amenazó con expulsarme si no paraba de reírme. No pude y acabé en el pasillo escoltada por el policía local -a él, por cierto, también le cayó alguna que otra lagrimilla-. Discutían los políticos sobre la creación de un registro de parejas de hecho y el debate acabó derivando en las costumbres licenciosas de una vecina de la localidad a la que ya le habían conocido una veintena de novios. La cuestión planteada por uno de los portavoces era si la señora en cuestión podría o no apuntarse tantas veces como quisiera. La pregunta tenía su lógica, sí, pero no la conclusión a la que llegó el edil: «Esto vai acabar como un putiferio». Recuerdo otro con un único punto en la orden del día: la elección de los festivos locales. Tras cuatro horas de discusión -sí cuatro larguísimas horas- la sesión tuvo que suspenderse porque el reloj marcaba la medianoche. Lo más curioso del caso es que había unanimidad en los días elegidos, pero al entonces alcalde le dio por explicar los martirios que había sufrido el santo local sin darse cuenta de que los que en ese momento sufría era el secretario municipal que incansablemente tomaba nota de las más crueles torturas. Me acordé de estas historias cuando ayer me comentaron que uno de los puntos fuertes del último pleno de Corcubión fue la elección entre mirtos y tuyas. No quiero ni imaginarme qué ocurrirá cuando tengan que hablar sobre obras millonarias. Lo dicho: surrealista.