CRÓNICAS DE FISTERRA | O |
25 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.EN UNA carta de mi viejo amigo Manuel de la Barrera, me informa de hechos importantes referentes a Sardiñeiro de Abaixo. El tiempo pasa inexorable y los restos históricos de nuestros antepasados, que ayudarían a explicar nuestro presente, van desapareciendo por una serie de razones que no vienen al caso. En los inicios del siglo XX y finales del XIX aún quedaba en dicho pueblo algo del Palomar y del Petón do Palomar, ambos construidos con piedra menuda. Este dato, junto a su denominación de palomar, nos hace concluir que se trata de restos de viviendas circulares rodeadas por un muro, del cual aún se conservan pequeños trozos. En definitiva, estaríamos hablando de un castro, lo cual no puede confirmarse sin la intervención de arqueólogos. Pero este tipo de investigaciones no suelen realizarse en nuestro municipio por razones que ignoro, y eso que se pretende transformar en una zona turística importante. Paradojas de la vida. Dolmen Pero mi amigo Manolo también me habla de una finca que debe contener una piedra alta rodeada de otras de buen tamaño, aunque menores, lo que parece indicarnos la existencia de un dolmen o mamoa. Recordemos que en Sardiñeiro de Abaixo se halló una de las pocas aras que existen dedicada a la diosa Cibeles, todo lo cual viene a indicarnos la importancia arqueológica del municipio fisterrán, que, sin embargo, al no ser estudiada, no aparece en ninguna publicación al respecto, y en los mapas que recogen este tipo de vestigios aparece siempre en blanco. Pero Manolo también me habla del camino -en mi opinión, de los peregrinos- que, saliendo del Camiño do Muradán, enlazaba con el de la Cova do Trigo a Regomar y Guimareu. Desde este lugar salía una desviación para el Cabo da Vila de Corcubión, por Porta Ventosa, etc... hasta Cee. Añejos caminos hoy casi abandonados y que en su día, cuando los peregrinos no iban por carretera, tuvieron una personalidad enxebre que los intereses económicos les hicieron perder. Pero así como el agua desviada acaba por volver a su cauce, confiemos en que, cuando las carreteras sean un peligro para los caminantes, alguien se acuerde de estos añejos senderos. Uno piensa en estas cosas en una tarde de otoño y se pone algo así como triste.