Eléctricas

Gabriel Pérez Suárez

CARBALLO

15 sep 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Pensando en lo que está ocurriendo con el Gobierno de coalición me consume la siguiente pregunta: «¿Quién tiene el poder en España?». Hago esta pregunta porque estamos viendo y sufriendo hechos tan impropios de una democracia asentada que me hace dudar de en qué manos está el poder. Ya sé que en el papel el poder lo dan los votos, que lo público tiene preferencia ante lo privado y que la Justicia emana del pueblo, pero... Ahí nos quedamos con el pero, porque los hechos no lo constatan. Al contrario, hoy, como ayer, los grandes grupos, los lobis, hacen y deshacen conforme a sus intereses. El clamor del pueblo, su pobreza latente les trae sin cuidado. Lo digo porque la energía, en la que el Estado debería estar presente (la mayoría está en manos extranjeras, como Noruega, Italia, Catar, Abu Dabi y Portugal), va subiendo tanto que millones de familias se van a ver obligadas a volver al candil, las velas o las lamparillas, como en tiempos que me vienen a la memoria. Y que no nos vengan con la milonga de crear una compañía nacional de la energía, porque ya la tuvimos, Endesa, a la que los señores Felipe, el 25 %, y Aznar, el 75 %, se encargaron de vender. ¿Y cómo se beneficiaron?

Ahora acabamos de ver otro atropello de las compañías que clama al cielo. Las eléctricas, aprovechando el suculento precio de los kilovatios, vacían los embalses para producir más y con ello aumentar el botín. Menos mal que los multaron con 25.000 euros. No les ha importado la falta de agua para los aviones antiincendios, o que las tierras queden secas. A ellos lo que les mueve son los dividendos, y cuántos más, mejor.

Ya decía Rousseau que las leyes son útiles para los que tienen bienes, y dañinas para los desposeídos.