Escribe José Fernando Carrillo: Mi experiencia con el covid-19

«Desde mi entrada en el hospital no recuerdo nada, hasta que me desperté en la uci del Chuac mes y medio después, lo cual fue realmente traumático»


Cuando con mucha ilusión, Pepita y yo preparábamos nuestro viaje a Lloret de Mar, dentro del programa del Imserso, no pensábamos en todo lo que nos iba a suceder en lo que, en principio, debía ser una experiencia feliz, pero que, finalmente, se convirtió en una amarga pesadilla a causa del covid-19.

La enfermedad empezó unos cinco días después de llegar a esta ciudad de la Costa Brava, cuando experimentamos una extraña conjuntivitis, dolor de garganta y un poco de tos, además de cansancio y dolor muscular, todo lo cual lo atribuimos al viaje y al frío, pero, posteriormente experimenté un malestar general y una aparente gastroenteritis, razón por la cual fuimos al médico del hotel y, luego, al centro de salud de Lloret de Mar, donde me dieron un tratamiento para la gastroenteritis.

En esos días nuestros amigos Serafín y Lucía, con los que vamos en estos viajes, notaron que la comida no les sabía a nada y Pepita había perdido el olfato, mientras que yo seguí con un malestar general y una pequeña descomposición. Así llegamos hasta el día de la vuelta, en que ya experimenté dolor de cabeza, me subió un poco la temperatura y un poco de tos.

Ya en el aeropuerto nos enteramos que habían suspendidos los viajes del Imserso por la pandemia, pero no se había tomado ninguna medida para evitar el contagio en el avión, ya que no se sabía si alguien estaba infectado y desarrollado la enfermedad o era asintomático, ya que era una enfermedad nueva y aún se desconocían sus síntomas. Lo que sí recuerdo es que durante el viaje a A Coruña muchos pasajeros tosían constantemente y algunos nos sentíamos mal, por esta razón tomamos algún analgésico. Del aeropuerto de A Coruña me trasladé inmediatamente a las Urgencias del Hospital Virxe da Xunqueira de Cee, donde me confirmaron el diagnóstico de que padecía gastroenteritis.

Al día siguiente, amanecí con fiebre y malestar general, pero por la noche no había forma de bajarme la fiebre y empecé a toser de forma incontrolada. Mis hijos ya sospecharon de que no era una simple gastroenteritis, ya que la tos y la fiebre no eran normales, por eso me volvieron a llevar al hospital y ahí les indicaron de que tenían que llamar al teléfono de covid del Sergas (lo que hicieron más de un centenar a veces) y, no fue hasta el día siguiente, a las 2 de la mañana, en que les llamaron para que me hicieran la PCR y se procediera a mi ingreso en el Virxe da Xunqueira. Pero al agravarse mi situación determinaron mi traslado al Chuac, donde llegué con neumonía bilateral y con una saturación pulmonar que hacía peligrar mi vida. Desde mi entrada en el hospital de Cee no recuerdo nada, hasta que me desperté en la uci del Chuac mes y medio después, lo cual realmente fue traumático, ya que me encontré atado, no podía moverme porque había perdido 20 kilos de masa muscular, no podía hablar porque me habían hecho una traqueotomía, estaba intubado y rodeado de aparatos, por eso lo único que pensé fue: «Estoy vivo y he vencido a la enfermedad».

Según lo que me ha contado mi familia, en las tres primeras semanas en la uci no se sabía si me salvarían la vida, pues me aplicaron unos tratamientos experimentales para combatir esta enfermedad nueva y para la que no existía una forma de eliminarla. Felizmente el tratamiento inhibió la actuación del coronavirus, lo que permitió que mi cuerpo generará los anticuerpos para acabar con él. Según me comentaron los médicos, los primeros que entramos en la uci con esta enfermedad fuimos sus conejillos de indias y gracias a nosotros se habían podido salvar otros pacientes.

Mi familia ha estado informada diariamente sobre mi evolución y Pepita ha recibido con frecuencia la llamada de una psicóloga del Sergas, al estar ella confinada y no poder estar en contacto conmigo. Felizmente, tanto ella como nuestros amigos de Lires dieron negativo en el PCR quince días después.

Al salir de la uci fui trasladado al Servicio de Neumología para mi recuperación, donde recibí el tratamiento propio de esta especialidad, además del de fisioterapia para recuperar la capacidad de respirar de forma autónoma (había estado con respirador), aprender a caminar e ir aumentando la masa muscular. Ahí fui liberando los pulmones de las flemas que los obstruían, lo cual se produjo de una forma radical el 13 de mayo, día de la Virgen de Fátima, gracias a lo cual me prepararon para cerrar la traqueotomía, recuperar el habla y empezar a comer: había sido alimentado estos dos meses mediante la sonda nasogástrica.

Mucho apoyo

Durante esos últimos 17 días en planta me fui poniendo al día de lo sucedido en este mes y medio de paréntesis en mi vida, gracias a la tablet que mi hija Graciela me trajo al Chuac. Fueron miles los mensajes de apoyo que recibí de familiares, amigos, antiguos alumnos, antiguos compañeros de estudios y de trabajo, así como de vecinos de Fisterra y de toda la comarca, lo cual fue para mí muy emocionante, hasta hacerme caer las lágrimas. Lo mismo que me sucedió al llegar casa y encontrarme con el recibimiento que me habían preparado mis vecinos con aplausos, pancartas y la música de Resistiré.

Capítulo aparte merece Pepita y mis hijos, que durante todo este tiempo sufrieron la angustia de no saber en qué terminaría todo este proceso, ya que en realidad yo no me enteré de nada por estar en coma inducido. Mi agradecimiento a todos los buenos amigos que se preocuparon por mí y rezaron por mi curación a nuestra Buena Madre y de una manera especial, al Santo Cristo de Fisterra en los días de Semana Santa.

Mi agradecimiento a los médicos, enfermeras y personal sanitario del Virxe da Xunqueira y del Chuac por la gran profesionalidad y humanidad con que cada día atienden a sus pacientes, lo que ha hecho posible que haya sobrevivido a esta penosa enfermedad.

Las secuelas que me han quedado es cierta debilidad muscular, todavía no he recuperado plenamente la voz, debo tomar una pastilla para evitar los trombos que este virus suele provocar, estoy en rehabilitación porque me ha quedado pinchado un nervio en el pie izquierdo… Por eso, pido a todos que se cuiden, cumplan con los protocolos anticovid por el gran dolor y sufrimiento que esta enfermedad produce. Después de todo, el consuelo que me queda, es que seguramente podré ver terminada la autovía a pesar del covid.

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