El virus pilló al tute en un renuncio y casi acaba con las partidas

Los ingresos de numerosos locales de la Costa da Morte se ven afectados por la ausencia de jugadores

x. a.
carballo / la voz

Mesas con tapetes verdes y personas con cartas en la mano concentradas en el juego. Son muchos los bares a los que cada día llegan grupos de clientes para sus partidas habituales. Sin embargo, la aparición del covid-19 frenó estos encuentros, importantes para la economía de algunos negocios. Muchos hosteleros se vieron obligados a cerrar sus locales, y una vez que empezó la desescalada y volvieron a abrir, apareció el temor de si conseguirían recuperar a su clientela.

Las partidas de cartas son características de muchos bares o cafeterías, incluso llegan a ser claves para estos negocios, puesto que tienen clientes asiduos que se juntan entorno a los naipes. El bar Galicia, situado en Carballo, es conocido por reunir a grupos que pasan la tarde entera con sus timbas. Sin embargo, la pandemia llevó a anular todas las partidas en este local. En Malpica, otro de los establecimientos que dejó de hacerlas es el Ybarra. «Nós negámonos a ter cartas», explican desde el local. «Estamos desinfectando todo, pasando moitísimos traballos e temos menos mesas. Nós non queremos que se use a baralla porque é algo que está tocando todo o mundo», cuentan. Antes del coronavirus se realizaban partidas, pero estaban restringidas a unos horarios concretos, entre las 17.00 y las 20.00, para así no molestar a los comensales.

En Malpica, un bar que sigue manteniendo este pasatiempo es O Pescador. «Aquí a xente sigue xogando igual ca antes», explica Pablo, dueño del local. El cambio se nota por las tardes, momento en el que «pode haber só unha partida», comparado con las cinco o seis que había antes. «Para realizalas mercamos cartas plastificadas, como as dos casinos. Esto é importante porque a carta de cartón, provoca que metan o dedo na boca para que se pasen mellor, e coas plastificadas evítase iso», cuenta Pablo.

En Laxe se encuentra la cervecería de Nico, lugar en el que se practicaba más el dominó, pero ahora «non se xoga a nada». El propietario apunta que él no tuvo que prohibir estos entretenimientos, sino que la gente, al tener un respeto por lo que está sucediendo, prefiere evitarlo. Una situación similar vive el bar Venecia en Baio que, aunque ahora no hay muchas timbas, «sempre son os mesmos grupos e non se mesturan». Desde el bar indican que a ellos tampoco les gusta la idea de que darle uso a los naipes en estos tiempos de coronavirus.

Llegar al bar al que se lleva yendo años a echarse unas manos con los amigos y descubrir que ya no se puede, sorprendió a algunas personas. Desde los locales no destacan que haya habido quejas por parte de sus clientes, sí alguna sorpresa y decepción, pero no reproches. Los dueños de estos establecimientos esperan volver pronto a la normalidad, pero mientras esto siga así, quieren que la gente respete las medidas para poder superar esta situación complicada y dejar el tute para más adelante.

«Si entre semana cuesta hacer partidas, los findes mucho más»

maría del Carmen es la encargada del bar carballés Rosalía de Castro, situado en la calle Gran vía. «Antes solía había cuatro o cinco partidas diarias mientras que ahora hay una o dos, como mucho», explica María. Poco a poco «la gente se va animando» a volver a los bares, pero el miedo y respeto por esta situación sigue muy presente. «Mis clientes tienen una edad y muchos tienen nietos, problemas de salud, etcétera...», cuenta la encargada mientras observa como juega un grupo de hombres en una esquina del bar. Todos llevan mascarillas y se aseguran de usar el gel desinfectante al entrar, sin embargo, el temor sigue presente impidiendo que puedan disfrutar de la partida al completo.

María del Carmen explica que desde que abrió de nuevo, trabaja ella sola mañana y tarde, lo que la llevó a tener que cambiar un poco sus horarios. «Ahora las partidas acaban temprano, sobre las 17.30, hora a la que suelo cerrar. Antes podían estar hasta las 18.30 o 19.00». La nueva normalidad y una menor afluencia de clientes también afectó al fin de semana. «Los sábados por la tarde ya no abro porque si entre semana cuesta hacer partidas, los findes más», explica.

María del Carmen se encarga de limpiar todo el bar cuando ya no hay nadie. «Tengo que desinfectar los tapetes y las cartas, además de las mesas, sillas y todo el mobiliario. Aunque tengamos pocas partidas es algo que se nota. Además es un gasto añadido al comprar los productos necesarios para realizar la limpieza», cuenta la encargada. Una complicación añadida a esta situación son los pagos. «No interesa si tienes o no ingresos. A finales de trimestre a mí me llegó un cheque y tuve que pagarlo», añade María.

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