Aquí no pasa nada, hasta que pasa


Un concello sufre en una noche una verdadera oleada de robos en viviendas, algunas de ellas con gente dentro. Para frenar esa sensación de psicosis colectiva, raudos y veloces convocan una junta local de seguridad, en la que el resultado final -de forma reiterada y sistemática- es que ese concello en cuestión tiene una tasa de delincuencia inferior a la media gallega. ¿Y que solución se les ofrece a las víctimas? Ninguna.

Los vecinos de Razo llevan más de un año exigiendo medidas, con escritos incluidos, para evitar que los fitipaldis de turno la líen y puedan causar una verdadera tragedia. ¿Solución? Radares móviles y colocar unas bandas rugosas, que los propios fitipaldis revientan cada cierto tiempo para seguir haciendo de las suyas ante la impotencia de los vecinos y comerciantes.

¿Qué medidas han adoptado las Administraciones competentes para erradicar los macrobotellones en verbenas y fiestas multitudinarias? Ninguna. Todos echan balones fuera y se quedan con lo positivo, pero de lo negativo, ni una sola palabra. Bajo el paraguas de que no hay muertos todo vale. ¿Se han celebrado juntas locales de seguridad con anterioridad a estos grandes eventos? En muy contados casos en la Costa da Morte, una comarca en la que eso de pedir permisos brilla por su ausencia. Bajo el amparo del silencio administrativo tiran para adelante y que sea lo que Dios quiera. Y ojo, sin tocar mucho las narices a las comisiones de fiestas que el año que viene hay elecciones.

Hasta el momento todo ha salido a pedir de boca y toquemos madera para que siga así la cosa, porque el día que aparezca un cadáver flotando en un puerto o en una calle ahogado en su propio vómito vendrán las consecuencias. Entonces unos y otros empezarán a escurrir el bulto. Que si la Xunta, que si Portos, que si el Estado, que si el Concello, que si la Guardia Civil, que si hace calor, que si el fallecido tenía diabetes, que si la abuela fuma... La pelota empezará a colocarse en el tejado del otro y solo por no haber sido previsores. Pero mientras que no se masque la tragedia, lo mejor de todo es disparar al de siempre, a los periodistas de turno, a los medios de comunicación de siempre, los que tergiversan, los que manipulan y los que son muy malos con nosotros. No existe ni un ápice de autocrítica. Jamás lo hay hasta que un día ocurra lo que tiene que ocurrir. Pero mientras, aquí nunca pasa nada... Hasta que pasa y luego vienen las lamentaciones. Nadie puede evitar una situación de riesgo o un accidente, eso es evidente, pero si se adoptan las medidas oportunas, las probabilidades de que se produzca un hecho no deseable se reducen. Y ese es el objetivo, limitar las opciones de que haya una tragedia.

Autor Toni Longueira CIUDADANA

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