«El que bucea aquí es capaz de hacerlo en cualquier parte del mundo»

La escuela de buceo formó a numerosos profesionales de la Costa da Morte


A Coruña / La Voz

Roberto Diehl es uno de los padres del buceo en A Coruña. Fundó la escuela del Club del Mar -que lleva su nombre- hace 50 años y estuvo durante 44 al frente. Ahora, con los 83 ya cumplidos echa la vista atrás y repasa los logros conseguidos bajo las aguas de San Amaro, por donde pasaron muchos profesionales de la zona.

-¿Cómo se metió en el buceo?

-Entré en el Club del Mar con doce años, en el año 47. Y allí aprendí a nadar, como todos. No es que nadase muy bien, pero me cogieron como espaldista porque no tenían. Entrenábamos todos los días de 7 a 8 de la tarde, pasando un frío de mil demonios. Y no teníamos ni dónde ducharnos ni vestirnos. Y un buen día vi un documental italiano en el Teatro Colón sobre un equipo de submarinistas que se estaban entrenando para hacer una expedición al Mar Rojo. Ahí descubrí otro mundo. Coincidió que en la empresa en la que trabajaba, en la Fábrica Coruñesa de Gas que terminaría siendo Fenosa y que ahora ya no sé qué es, había un ingeniero, Leopoldo Sánchez Tembleque, que era uno de los pioneros de la pesca submarina en Galicia. Le dije que me gustaría aprender a bucear, y me llevaba con él al Portiño a pescar un par de veces a la semana. Y caray si aprendí. A la fuerza. Y se convirtió en mi obsesión, mi vida.

-¿Y la idea de montar una escuela de buceo, de dónde salió?

-Tenía algunos problemas, muy comunes en los que nos iniciábamos en estos temas, y es que me dolían los oídos y sangraba por la nariz. Los expertos que había en la ciudad entonces, con una falta de conocimientos absoluta, me decían que eso era normal, que con la práctica se va acostumbrando el cuerpo. Afortunadamente, mi padre se compró un libro editado por la Marina francesa, titulado El buceo, donde se explicaban los motivos de esos problemas y cómo solucionarlos. Bastaba con soplar por la nariz dentro de la máscara para evitar el sangrado, así de sencillo. Pero eso no lo sabíamos. Eso me llevó a pensar que esas nociones había que compartirlas con el resto de compañeros. Y ahí surgió mi sueño de crear una escuela de buceo, y el Club del Mar, donde se practicaban infinidad de deportes, era el lugar idóneo.

-Pero los inicios fueron duros.

-No teníamos instalaciones ni equipos, aunque sí muchas ganas. El mar lo teníamos allí, pero en esta zona es muy frío. Y nosotros no teníamos más que una camiseta de lana para protegernos. Poco a poco fuimos subsanando estas carencias, pero el inicio no fue fácil.

-¿Cómo es A Coruña bajo el agua?

-Es incomprensible que todavía haya coruñeses que no sepan lo que hay debajo del agua. Se están perdiendo un mundo maravilloso. En las zonas de la Torre tenemos un paisaje submarino fantástico. No contamos aquí con la gratitud del Caribe ni del Mar Rojo, por ejemplo, sobre todo por la temperatura. Pero a quince metros de Adormideras tienes unas zonas de buceo estupendas, el problema es que si el mar no está tranquilo la visibilidad es escasa. La gente ve los documentales y se cree que en todas partes es como en Cancún. Eso sí, el que bucea aquí es capaz de bucear en cualquier parte del mundo. Pero con precaución. Al mar hay que ir con pleno convencimiento de que te estás metiendo en un terreno que no es el tuyo. Las personas nerviosas y temperamentales no son buenos buceadores.

Un prudente retiro. La edad ha ido apartando a Roberto Diehl de la práctica del buceo: «Desde el 2013, que volví de Maldivas, no he vuelto a mojarme. Llega un momento en que ves que ya basta, aunque de vez en cuando todavía me da el punto... Pero hay que saber aceptar el paso del tiempo. Lo primero que se enseña en un curso de buceo es la prudencia», apunta.

«Llevo encima de mis costillas unos 17 cadáveres sacados del mar »

 

 

La Escuela de Buceo ha jugado un papel fundamental en labores de salvamento en nuestras costas, tanto en un plano formativo como directamente, cuenta Roberto Diehl.

-¿Cómo se involucraron en las labores de rescate?

-Fue a raíz del hundimiento del pesquero La Isla a principios de los setenta, en el que murieron 13 hombres. Los encontramos un grupo de la escuela, y ahí se empezó a cotejar la necesidad de que en A Coruña hubiese un grupo de salvamento.

-Llegaron a instruir a la Guardia Civil.

-En 1972 me pidieron que preparase a un grupo pequeño. Como a un grupo de esas características hay que prepararlo en condiciones fueron a hablar con Fenosa y me dieron permiso para ausentarme el tiempo que fuese necesario por las mañanas, pero por las tardes tenía que ir a trabajar. Durante un par de años fui su jefe de operaciones, aún siendo civil. Esto fue el embrión de los GEAS en España. Después vino la Policía Nacional, los Bomberos… Incluso di clases a un grupo de estudiantes de Geografía e Historia de la Universidad de Santiago que querían prepararse para la arqueología submarina.

-Y participaron en las labores de rastreo de los Héroes del Orzán.

-Cuando no había nada acudían a lo que teníamos. Cualquiera valía para meterse en el agua. Yo mismo llevo encima de mis costillas unos 17 cadáveres sacados del mar. Pero a día de hoy solo los cuerpos oficiales debidamente preparados pueden intervenir en esos asuntos. En el caso de los Héroes del Orzán, ante el tamaño de la tragedia, aceptaron el ofrecimiento del grupo de instructores de la escuela para participar en el rastreo. Y, efectivamente, uno de los policías fue rescatado por ellos.

«Llevo encima de mis costillas unos 17 cadáveres sacados del mar »

 

 

La Escuela de Buceo ha jugado un papel fundamental en labores de salvamento en nuestras costas, tanto en un plano formativo como directamente, cuenta Roberto Diehl.

-¿Cómo se involucraron en las labores de rescate?

-Fue a raíz del hundimiento del pesquero La Isla a principios de los setenta, en el que murieron 13 hombres. Los encontramos un grupo de la escuela, y ahí se empezó a cotejar la necesidad de que en A Coruña hubiese un grupo de salvamento.

-Llegaron a instruir a la Guardia Civil.

-En 1972 me pidieron que preparase a un grupo pequeño. Como a un grupo de esas características hay que prepararlo en condiciones fueron a hablar con Fenosa y me dieron permiso para ausentarme el tiempo que fuese necesario por las mañanas, pero por las tardes tenía que ir a trabajar. Durante un par de años fui su jefe de operaciones, aún siendo civil. Esto fue el embrión de los GEAS en España. Después vino la Policía Nacional, los Bomberos… Incluso di clases a un grupo de estudiantes de Geografía e Historia de la Universidad de Santiago que querían prepararse para la arqueología submarina.

-Y participaron en las labores de rastreo de los Héroes del Orzán.

-Cuando no había nada acudían a lo que teníamos. Cualquiera valía para meterse en el agua. Yo mismo llevo encima de mis costillas unos 17 cadáveres sacados del mar. Pero a día de hoy solo los cuerpos oficiales debidamente preparados pueden intervenir en esos asuntos. En el caso de los Héroes del Orzán, ante el tamaño de la tragedia, aceptaron el ofrecimiento del grupo de instructores de la escuela para participar en el rastreo. Y, efectivamente, uno de los policías fue rescatado por ellos.

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«El que bucea aquí es capaz de hacerlo en cualquier parte del mundo»