Las campanas de hoy repican en Internet

Juan Ventura Lado Alvela
J. V. Lado CRÓNICA

CARBALLO

Si tiene a alguna persona mayor en la familia y le ha regalado estas Navidades uno de esos teléfonos simples, como los de antaño, con los números enormes y un botón que llama directamente al 112, sepa que se ha equivocado de lleno. Y si aún piensa en comprárselo para el cumpleaños o en cualquier otra fecha vaya desechando la idea. Internet no es solo cosa de adolescentes ansiosos por comprobar lo populares que son en Instagram, y hasta las personas criadas y jubiladas en la era analógica, sin a lo mejor haber visto en su vida un ordenador delante, tienen necesidades más o menos creadas por la eclosión de las tecnologías de la información, que hoy dominan el mundo, en los grandes foros, pero también en los pequeños detalles domésticos.

Va un ejemplo: vecina cuasi septuagenaria que para este fin de semana está pendiente del funeral de primer aniversario de su difunto esposo. Llama a una amiga de la infancia que reside en A Coruña desde hace decenios y vuelve a la aldea muy de vez en cuando para decirle: «O sábado son as misas de...». Para su estupefacción resulta que la amiga ya lo sabía y a ella no le entra en la cabeza. Aún no lo había comentado con nadie del entorno y ni siquiera le había dado aviso -como se hace en estos casos- a otros miembros de la familia, como para que la convocatoria llegase a la ciudad herculina. «É que vino en Internet», le responde la amiga, lo que multiplica el desconcierto de la mujer. Le suena la palabra, pero poco más.

A los dos días ya le está pidiendo a su nieta que le enseñe como se mira en «esa páxina da funeraria, que dixo Elena» [su amiga] y una semana después es ella quien informa a las vecinas de todo acontecimiento luctuoso que se produce en el entorno. Aún no llega al nivel de otra amiga, con la que comparte las caminatas vespertinas y que hace las funciones de sacristana en la parroquia, porque ella tiene la funeraria de página de inicio en el móvil, al estilo de lo que hace la mayoría de la gente con Google, pero poco le falta. Atrás quedó todo aquello de saber interpretar el lenguaje de las campanas e incluso la más moderna práctica de parar en el bar frente al tanatorio, para saber a quien le ha tocado en esa ocasión y si corresponde o no pasar la noche en vela para acompañar a la familia.

La relación con la muerte, con los familiares y con los vecinos en el rural de la comarca, y de toda Galicia, daría para varios tratados desde la sociología hasta el folclore, pero este nimio ejemplo deja claras otras cosas que tienen bastante más que ver con el comportamiento del ser humano y esa tendencia innata a satisfacer sus necesidades a través de los medios que encuentra a su alcance.