Voluntarios

Maxi Olariaga LA MARAÑA

CARBALLO

Días atrás alumbraba este diario su portada con la fotografía de dos noiesas, Manoli López y Carmela García, que vienen de ser reconocidas por Cáritas por sus veinticinco años de servicio voluntario en la sede de su villa. El reportaje de M. X. Blanco titulaba con justicia: «Un cuarto de siglo regalando tiempo». Y es cierto. Si no lo hicieran ellas/os, ¿quién lo haría? En todo lugar conviven con nosotros estas gentes que, por puro altruismo y generosidad, dedican parte de su tiempo a empresas marginales que de no ser atendidas, dañarían gravemente a la población más desfavorecida.

Por soberbia, tendemos a pensar que los que no tienen lo que nosotros tenemos... algo habrán hecho o bien, que se arreglen como yo me arreglo. En esta cada vez más deshumanizada sociedad en la que flotamos, la caridad, la largueza y la sensibilidad parecen huir de nuestras ya escasas virtudes como torrentes alborotados sin mirar atrás. No hace mucho vi un documental en el que unos muchachos gallegos, dirigidos por un ingeniero -todos ellos voluntarios- buscaban remedio, en los montes reciente y trágicamente quemados, a la más que probable dispersión de cenizas y tierra abrasada que las lluvias llevarán a nuestros ríos causando un anunciado desastre ecológico en sus desembocaduras que, en muchos casos, vierten sobre los bancos marisqueros. No solo estos voluntarios. ¿Quién dedica mil horas al entierro de la sardina? ¿Quién da su tiempo y construye las carrozas de los Reyes Magos? ¿Quién alegra la calle con gigantes y cabezudos hechos a mano? Aunque sean escasamente remunerados, ¿quién lo hará si no lo hacen ellos, los voluntarios?