El control del incivismo


Dice una leyenda, aunque personalmente no lo he podido comprobar, que el aeropuerto de Singapur está siempre limpio en grado máximo y que uno de los motivos para ello es que cualquiera que se le ocurra arrojar algún objeto al suelo se puede ver afectado por una sanción económicamente considerable. Ya sabemos que además del pequeño Singapur existen otros países, como puede ser Japón, en los que prima un destacable comportamiento cívico, inculcado en los centros docentes desde la misma infancia. Pero, en último término, también en esos países están en vigor, y se aplican, ordenanzas que prevén un castigo más o menos duro para aquellos que se atrevan a contravenir las prohibiciones establecidas.

Lo anterior tiene relación con noticias como las que se cuentan en esta misma página sobre la suciedad y el abandono de basura en nuestros municipios. Sobre esta cuestión siempre tengo presentes las imágenes desagradables de encontrarnos en el arcén de cualquier camino rural un montón de electrodomésticos viejos abandonados, o restos de elementos de construcción allí apiñados después de alguna reforma seguramente medio clandestina. Y es posible que se nos diga que antes era mucho peor, lo que es verdad, pero considero que en este campo todos tenemos mucho que hacer, tanto particulares como las administraciones.

Obviamente se trata, con carácter básico, de un tema de educación, no solo en las escuelas sino también en nuestros hogares, y que afecta tanto a nuestros menores como a los que ya están entrados en años. Pero esa imprescindible educación cívica ha de ir acompañada por la correlativa actuación de nuestras administraciones que, en este caso y por razón de competencias, son nuestros concellos. En ese sentido se echan en falta unos programas divulgativos sistemáticos dirigidos a todos los vecinos, que especifiquen claramente las actuaciones permitidas, las prohibidas, y las sanciones previstas para caso de incumplimiento, pero también la relación de los medios materiales y servicios a disposición de los ciudadanos. Esas actuaciones deberían concretarse en soportes físicos ubicados en los distintos lugares del municipio. Y lo digo porque estoy convencido que lo que se repite ante nuestros ojos termina, con el tiempo, entrando en nuestras cabezas.

Si, finalmente, pese a todo ello el ciudadano incumple, también ha de saber que esas sanciones anunciadas no se van a quedar en los carteles a modo de anuncio publicitario, sino que también han de contar con que los encargados de velar por el cumplimiento de la norma lo van a detectar y sancionar. No se trata de volver al clásico de que la letra con sangre entra, pero no podemos desconocer que cuando existe el temor a que se resienta nuestro bolsillo, todos somos un poco más serios y hasta parecemos buenos ciudadanos.

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