Orgullo

Xurxo Melchor
Xurxo Melchor ENTRE LÍNEAS

CARBALLO

España fue uno de los primeros países en legalizar los matrimonios entre personas del mismo sexo. Eso es motivo de orgullo. De plazas de todo el Estado, como de la del Obradoiro de Santiago, cuelgan estos días banderas arcoíris y casi nadie -siempre hay raritos- se rasga las vestiduras. Eso es motivo de orgullo. La próxima boda a la que iré es entre dos hombres y ya no es noticia, ningún invitado lo comenta porque la sociedad lo tiene absolutamente normalizado. Eso es motivo de orgullo. Son pocas hoy las familias que esconden que tienen un hijo gay o una hija lesbiana. Eso es motivo de orgullo. En estos días que se celebra del orgullo gay, cuyo epicentro mundial es Madrid, conviene tener muy en cuenta de dónde venimos, dónde estamos y hacia dónde queremos ir. Venimos de la más negra de las oscuridades. De leyes por las que ser homosexual estaba penado con cárcel. Estamos en una situación que se parece mucho a la normalidad, que es lo que tiene que ser. Y al menos a mí me gustaría que en un tiempo no muy lejano no hiciesen falta fiestas que exaltasen el orgullo de tener una condición sexual u otra, porque al final el amor es el amor y lo de menos es hacia quién se dirija. Lo único que importa es si es o no correspondido. Estaría bien que en el futuro nos sonase tan extraño una fiesta del orgullo gay como nos parecería hoy en día una del orgullo heterosexual. La igualdad es un camino largo. En todos los ámbitos. Entre mujeres y hombres o entre heteros y gays. Pero en este país hemos avanzado mucho en poco tiempo. Y no era fácil. Esto debe hacernos sentir orgullo por la España más justa que hemos construido.