Si nos retrotraemos a 1986, año de la incorporación de España a la denominada entonces CEE, vemos que estos tres decenios transcurridos han sido de evolución tan acelerada y determinante en el sector lácteo que más que una época de cambios asistimos a un cambio de época, pues hemos pasado del modelo casi exclusivo de explotación familiar al modelo societario con fuertes inversiones en capital y con unas exigencias de mano de obra más allá de la familiar.
A día de hoy, Galicia es una potencia en la producción láctea, con el 39% del total nacional y ocupa el noveno lugar en el ránking europeo de regiones productoras. Tenemos un volumen que ronda los 2,6 millones de toneladas, el doble de lo que había hace treinta años en las más de 100.000 explotaciones ganaderas de entonces. Hoy toda la producción láctea de la Comunidad Autónoma se concentra en unas 9.000 granjas, con volúmenes de inversión y de comercialización considerables, generadoras de empleo directo e indirecto.
Son evidentes los cambios operados en las explotaciones de leche, no solo en los volúmenes de producción y en las infraestructuras sino también en los equipamientos tecnológicos y en la eficiencia de la mano de obra.
Sin embargo, la sostenibilidad de las explotaciones no pasa solo por las inversiones de capital y las mejoras técnicas, sino que pasa ineludiblemente por la eficiencia del personal. Cada vez es más frecuente la demanda de mano de obra asalariada en las explotaciones ganaderas de la comarca, pero de trabajadores que deben estar suficientemente formados, integrados en la empresa y que su trabajo sea remunerado convenientemente.
La gestión del personal es, tal vez, el reto más importante que tienen los titulares de las empresas agroganaderas. El cambio de modelo exige un cambio de rol para el que habrá que prepararse y ponerse al día, pues si en una empresa rota mucho el personal, algo falla. Tal vez las explotaciones agrarias necesiten formación en la gestión del personal y de asesores en este campo.